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miércoles, 7 de enero de 2009

Sinceridad

La sinceridad está muy sobrevalorada. Entendámonos: soy partidario de la sinceridad, me encanta la gente sincera y, en cambio, no soporto a los hipócritas. Pero la sinceridad no es un bien absoluto, y muchas veces choca frontalmente con la amabilidad y hasta con el cariño que uno profesa por otra persona. De hecho, una sociedad en la que uno soltara de remplón lo primero que se le ocurriera sería insoportable. No quiero yo saber lo que los demás (es decir, las demás) piensan sobre mi indiscutible inteligencia y mi arrebatador atractivo físico, por poner un ejemplo.

Pero el peor caso se da en las relaciones de pareja. O sea: Pepe, pareja de María, va y tiene una relación sexual con Pino. El hombre se nos queda desinquieto. Dos mil años de paparruchas judeocristianas en vena le dicen que no puede "engañar" a María, que tiene que ser "sincero". Y, olvidándose del sabio principio de "ojos que no ven, corazón que no siente", va y le confiesa todo. Con lo cual le amarga la vida a María, pero él ha descargado su culpa y se queda más relajado.

¿Sincero? Creo que la palabra que merece es otra.

Yo, en cambio, no necesito confesar mis infedelidades, porque ni las he tenido ni las volveré a tener. Y esa grabación en video es un burdo montaje.


Músicos callejeros de todo el mundo interpretan Stand by me

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