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martes, 2 de septiembre de 2008

Hipotecas

La verdad es que uno no se mete en una hipoteca por gusto. Tener un techo bajo el que cobijarse es una necesidad primaria que no puede eludirse, y menos si uno tiene hijos. Durante mucho tiempo resultaba que salía igual o más caro pagar un alquiler, con el agravante de que en cualquier momento podías verte de nuevo en la calle porque la casa no era tuya, y siempre podía ser reclamada para un familiar o no renovado el contrato al acabar su periodo de vigencia.

Así que te metías en la compra de un piso, y para eso pedías la hipoteca. A interés variable, claro, porque con el interés fijo, mucho más alto, no salían las cuentas. De todas formas era un enorme sacrificio, pero el banco no te ponía problemas y todo eran facilidades. Y uno hacía lo que fuera por tener su vivienda.

Con la crisis capitalistas las cosas se han puesto feas. Ya está pagando uno prácticamente el doble de la cantidad mensual que se llevaba la hipoteca. Pero claro, es lo último que dejas de pagar, porque los bancos (y los jueces) son implacables en esto. A recortar de la cesta de la compra, que los salarios -si tienes la suerte de tener trabajo- no suben.

La noticia es ahora que el número de fincas hipotecadas en Canarias bajó el 32,8% en un año, situándose en el mes de junio en 339 por cada 100.000 habitantes. Y eso que las hipotecas en nuestro país son de las más bajas del Estado, con una media de 116.402 euros (poco más de 19 millones de pesetas).

Ahora los bancos se ponen duros para conceder una hipoteca. Ya no dan el 100% del valor del piso. Quieren avales familiares y garantías sobradas. Ellos nunca pierden, claro. ¿A dónde irán ahora miles de trabajadoras y de trabajadores canarios a vivir? ¿Y que harán cuando los viejitos, como es ley de vida, desaparezcan?

Hay cosas que sólo se ganan si peleamos.


Víctor Jara canta Las casitas del barrio alto

[Unidad ¿para qué? Pedro Brenes]

[El Huracán. Fidel Castro.]


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