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sábado, 10 de diciembre de 2016

Estoy lleno de isla


Me arrancaron hacia la Europa meridional,
hacia donde no hay viento o perfume del hombre,
hacia donde jamás el mar impone su amenaza.
Pero aquí quedaron mis pulmones respirando en Las Canteras,
como música cuajada en hielo súbito.
Aquí quedaron mis ojos oteando entre los versos
de muchachos de miradas polvorientas
y profundos cercos de muerte en las mejillas,
y un lejano horizonte que se encuentra más allá de la línea azul
donde las espumas furiosas amontonan sus rastros.
Aquí se quedó mi corazón, perdido en las ramas de un amor delirante,
y mi espalda apoyada en la arena cálida,
en el recuerdo tibio de avispas ahogadas
y en la razón.
Quedaron mis fuerzas empeñadas en una lucha infinita,
y mis palabras,
que no aplauden los consagrados de dentaduras de vidrio postizo,
ni las autoridades, ni la gente respetable.
Mi sexo, mis riñones, mis vasos capilares y las arterias
quedaron en el subsuelo
(¿o no han notado un ligero sabor a sangre
desde hace unos meses en el agua corriente?)

Quedaron aquí entre nísperos y amanitas
mis compañeros de viaje, mis cómplices de poesía,
como aprendices de brujo o harimaguadas.
Poco de mí se llevaron ciertamente estos lobos
(acaso las gafas, ni siquiera la mirada).

Mi espacio sin perfil en isla se abandona:
aquí me quedé
y aquí me encuentro.

(De Si me preguntas de dónde vengo)




Imagen de la cabecera de esta entrada:
Fragmento de una foto de mapio.net

1 comentario:

Francisco González Tejera dijo...

Inmenso poema, muchas gracias Teo.