Social Icons

rss feed email

martes, 8 de septiembre de 2009

José María Millares

Acabo de enterarme de la muerte de José María Millares Sall. En el momento en que hasta quienes lo ningunearon se apuntarán a los panegíricos públicos, para mí sólo queda el hueco de un maestro, de un poeta y de un comunista. Represaliado por el fascismo, su palabra nunca calló. Ni su compromiso con el futuro y con la poesía. Con él y con Pino Betancor quedan atrás muchas horas de conversación, de afecto y de literatura. Pero ese hueco se llena con su obra. Permítanme un poema suyo, de los miles que escribió (y de los que la mayoría no consiguió publicar):

EL HUMO DEL VOLCÁN

Del miedo, del terror, de sus profundidades,
del gemir de una sima -furia, descuartizado
árbol de los infiernos, aliento del demonio-,
como la tromba oscura, enloquecida,
como el dolor sin llanto,
como el temblor rompiendo, ametrallando
la inmívil transparencia de los mares
sedientos del calvario,
tú vienes, sarpa, río, como el buitre,
salvaje a levantar
las ánforas diabólicas del viento,
aconstruir andamios de ceniza,
alambradas de angustia, vampiro de las nubes,
a pintar la agonía de tus ojos con lágrimas,
del infierno y la noche, muerte, muerte,
de los hornos que gimen bajo tierra,
donde el odio, la envidia, la maldad,
retuercen en el fuego su saliva,
guerra, sangre y amor, humo de los volcanes,
endemoniada cola de hiena y de traición,
ardiente soledad de los espacios,
de las altas cadenas de los montes,
a sembrar el terror con tus uñas de azufre,
arrasando, envolviendo
en tu manta de lava y de veneno
los palpitantes labios de los frutos,
la blanca rebelión de los jardines,
el campo, las aldeas, las ventanas volando, dibujando
el hilo, el equilibrio, el más sencillo
río de nuestro hogar.

Como el aire te entregas, canal de turbias nieblas,
al toro ensangrentado de las aguas que vierto,
águila, vendaval de los motines,
hollín de las estrellas, en esta atormentada
desolación del mundo, guerra, guerra,
panal de las tormentas.

Pero el hombre, la tierra y sus campanas
de bronce y de redondas luminosas colinas,
elevan a la luz sus corazones
para reconstruir
de nuevo la esperanza de los días,
y levantar la tierra, y levantar
el prodigioso vuelo de la vida
donde mi sangre busca
de nuevo, en el silencio de tus ojos,
el amor, la alegría, la ternura infinita,
el aire, el paraíso,
la pasión que aseguran nuestras manos,
frente al rayo salvaje de la guerra,
el humo del volcán,
para de nuevo ser la tierra con sus pueblos,
sus ríos, sus montañas,
la torrencial espuma de la paz.

(De Los aromas del humo)

No hay comentarios: