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Para escribir he nacido

Para vivir he nacido, para escribir estas cosas que te cuento, para hablar del tiempo deslizándose árido como la sal o amable como la brisa.

Camaradas

Necesitamos un arte que saque a la república del fango (Vladimir Maiakovski)

Sobre nuestros escudos

Hubo un tiempo en que pudimos haber llegado al tiempo. Ahora los augures sacan beneficio de cada profecía y en los desiertos del corazón yacen las flores en el pelo, el guirre, Ho-Chi-Minh.

Hombres libres

Cuando soplan el siroco y la calima, queda un lugar habitable aún en este territorio: algo de dignidad en la desgracia, algo de estoicismo en el sufrimiento, algo de coraje en la desdicha, el valor indomable de los hombres libres.

Adargoma

La fila india del Adargoma, con la formación que ganó el campeonato juvenil de Gran Canaria en 1976.

sábado, 22 de noviembre de 2014

La gente del margen


Y entonces, los grandes engranajes,
las terribles ruedas dentadas,
ennegrecidas, se ponen a girar.
En cartabones de cemento se extiende la ciudad
junto a la costa. Los hombres vienen y van,
se apresuran en este bosque gris y sofocante,
atrapados en la rueda de los deseos.

Tu ejército espera acampado en los barrios periféricos,
en las barriadas polvorientas y hacinadas,
en las cuestas, en los parques destrozados,
en las esquinas adversas,
en el margen.

Respiran a medias, se encorvan como mulas,
sudan agobiados, escupen, tienen tos,
cambian pañales, se pintan, encienden el televisor.

Sangre de tu sangre, si escribieran su vida
en viejas libretas amarillas, sólo tendrían cuentas,
semáforos, ambulatorios,
pretéritas fotos en una caja de caramelos,
loza por fregar, velatorios, bautizos,
y un corazón desesperado.

La infinita soledad del hombre.


sábado, 15 de noviembre de 2014

Desmovilización

La irrupción de Podemos en el escenario político y la relativa proximidad de los dos procesos electorales de 2015 han conllevado la práctica total paralización de las movilizaciones en el Estado español. 

Volvemos a una vieja inercia: la de esperar que "alguien" nos solucione los problemas. Siempre es más cómodo, claro, resolver con un papelito en la urna que asumir que, si nosotros mismos no movemos el culo, nada cambiará.

La culpa no la tiene Podemos. Al fin y al cabo, como lo han definido sus dirigentes, no es más que una "maquinaria de guerra electoral". No es un partido para la organización y la lucha popular, sólo una maquinaria para ganar elecciones. No es poco. Pero incluso confiando en la bondad intrínseca de sus dirigentes y de sus intenciones, es evidente que sin una movilización popular sostenida será imposible torcer el brazo del imperialismo europeo y de la oligarquía española.

No nos gusta pensar en eso. ¿Manifestarse arriesgándose a que te detengan, te apaleen, te procesen, te multen o te encarcelen? Lejos estamos todavía de ese punto. Y más si se nos ofrece la posibilidad de cambiar las cosas "democráticamente", esto es, siendo buenos "ciudadanos" que se limitan a votar. Que se partan otros la cara.

Pero no sólo se ha desinflado la movilización. ¿Reunirse, organizarse, aguantar debates? Para qué, si todo lo que tenemos que hacer es pulsar un botón en el ordenador o el móvil, calentitos en nuestro sofá. Asaltar el cielo por iphone, digamos. Mucho más descansado, dónde se va a comparar.

Estamos muy lejos de vernos abocados a dejar de ser objetos de la historia y convertirnos en sujetos. De dejar de ser masa y pasar a ser individuos. De momento, ni a los nuevos dirigentes "ciudadanos" les interesa, ni a la mayoría de nosotros le parece imprescindible. Es comprensible: hay que tener cierto grado de desesperación para eso. Mientras creamos poder ir escapando de otra forma, para qué.

Mientras tanto, ¡ay, mientras tanto!, como escribía Agostinho Neto en la prisión de la PIDE en Luanda, en 1960, "se acumulan las nubes al soplo de la historia".

Agárrense que vienen curvas. O sea.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Corruptos, corruptores y corrompidos

En cualquiera de sus formas, el capitalismo es esencialmente corrupción. Y no sólo porque se trate de un sistema basado en la explotación de las asalariadas y los asalariados. Hasta en la democracia burguesa más ejemplar, miles de hilos, relaciones e influencias unen a las grandes empresas con el Estado.

Un Estado que, en todos los casos, existe precisamente para garantizar el dominio absoluto de los grandes monopolios sobre el conjunto de la sociedad. Es lo que se llama capitalismo monopolista de Estado, fase actual del sistema capitalista en la que estamos desde el siglo XX, y a la que también se denomina imperialismo.

Toda la estructura política, ideológica, legislativa, educativa, jurídica, policial y militar del Estado no es más que el entramado que garantiza esa dominación de una clase sobre las demás. Unas veces esta dictadura de la oligarquía ha adoptado su forma más brutal, como el nazi-fascismo. Otras adopta formas más suaves y “civilizadas”. Pero hasta en los países capitalistas con más tradición democrática, con más exigencias de ejemplaridad, lo esencial sigue siendo ese dominio absoluto de los intereses de los dueños de los grandes monopolios.

Bien es cierto que, cuanto menos nivel democrático despliega un Estado, menos se respetan sus propias reglas y leyes, tendiendo a manifestarse como latrocinio puro y duro de carácter mafioso. Es lo que fue el fascismo en el Estado español. Y, a las pruebas me remito, lo que está siendo el postfascismo monárquico.

Prensa capitalista (no hay otra) y partidos políticos del régimen se lanzan a la cabeza unos a otros tal o cual corruptela, intentando demostrar la maldad intrínseca del oponente o de toda la “clase política”. Como si la misma existencia de tales partidos no fuera ya un caso de corrupción insoportable: puras maquinarias electorales “engrasadas” con dinero de los bancos (cuyos créditos “perdonados” siguen siendo “secreto de Estado”) y de los grandes monopolios. Algo sobre lo que todos guardan un silencio cómplice.

Como callan sobre lo que es más evidente: en todo caso de corrupción se necesitan corruptores. Mucho escándalo sobre que Fulanito recibió X millones de soborno, los pusiera después en Suiza o en Panamá, se acogiera a la amnistía fiscal o no. Pero si el corrupto Fulanito recibió 10, por ejemplo, ¿cuánto tuvo que sacar la empresa del corruptor de tal tejemaneje para que le resultara rentable? Ah, pero las empresas son “entidades” respetables. Podemos sacar la vida, obra, amantes y milagros de un político, pero nunca las entretelas de un Consejo de Administración.

Mientras los corruptos se pueden ver inmersos en imputaciones (aunque muy pocos terminan por ir a la cárcel), los corruptores rara vez se ven molestados. Al fin y al cabo, se trata de "gente respetable", “gente de orden”, los dueños del Estado.

Para que tal nivel de corrupción domine el escenario político, además de corruptos y corruptores, hacen falta los corrompidos. Aquellos que hacen la vista gorda, dilatan hasta la exasperación los procesos judiciales, enredan la madeja hasta convertirla en inútil. Se habla de la corrupción de los políticos, pero nadie se atreve a mencionar la de los jueces. Ya saben, esos tipos que se codean con los grandes capitostes, toman copas, juegan al golf y hasta se acuestan juntos. Sólo una justicia totalmente corrompida permite un estado de cleptocracia, generalizada hasta lo grotesco, como la que padecemos.

La criminal policía fascista, los jueces fascistas, los banqueros del fascismo y los nuevos ricos gracias al fascismo: ninguno fue depurado en la “transición”. Así que seguimos con el aparato de Estado del fascismo incólume, y con su forma de corrupción intacta. Son las mañas de lo que es toda una tradición. Eso sí, ahora “democrática”.

Mientras tanto, la rueda de la historian sigue girando. Lo cantaba Mario Benedetti: "qué verde viene la lluvia / qué joven la puntería".

O sea.


sábado, 1 de noviembre de 2014

Pleahombre

Nos apiñamos mirando insistentemente desde la orilla,
sobre los tetrápodos de la autovía, paralizados,
pero ya está aquí, entre nosotros, sonriendo,
y le brillan los ojos como un arcoiris de acero.

Seguimos esperando su pelo revuelto,
sus formas de guerrero, la katana
y el collar de huesos y caracolas,
pero ya ha llegado y no le hemos reconocido.

Tiene un nombre vulgar y no cena en los tabernáculos,
pero ha llegado como una sanguinolenta flor de nuestra propia carne,
su sangre salada como los ocho mares.

Ha desembarcado desde el mar interior de esperma y de relente,
y nos mira con un deleite verde, con un fulgor opaco,
con una confianza en nosotros de la que carecemos.

Como una espada terrible se ha puesto en nuestras manos,
y llega para que le empuñemos, para que nos convirtamos
en un río de cuchillos, en un océano de alfanjes,
en un huracán de cimitarras.

Llega, este hombre,
para que crezcamos sobre el mar.