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Para escribir he nacido

Para vivir he nacido, para escribir estas cosas que te cuento, para hablar del tiempo deslizándose árido como la sal o amable como la brisa.

Camaradas

Necesitamos un arte que saque a la república del fango (Vladimir Maiakovski)

Sobre nuestros escudos

Hubo un tiempo en que pudimos haber llegado al tiempo. Ahora los augures sacan beneficio de cada profecía y en los desiertos del corazón yacen las flores en el pelo, el guirre, Ho-Chi-Minh.

Hombres libres

Cuando soplan el siroco y la calima, queda un lugar habitable aún en este territorio: algo de dignidad en la desgracia, algo de estoicismo en el sufrimiento, algo de coraje en la desdicha, el valor indomable de los hombres libres.

Adargoma

La fila india del Adargoma, con la formación que ganó el campeonato juvenil de Gran Canaria en 1976.

sábado, 30 de agosto de 2014

Fascismo

La consecuencia de no haber derrotado al fascismo, sino haber pactado con él –no otra cosa es la famosa “transición”– es que no sólo no se le puso fin, sino que es el propio fascismo el que se enseñoró de los últimos 39 años en el Estado español, manteniendo intactas sus principales columnas sustentadoras: monarquía, jueces, policía, oligarquía financiera y mediática, etc. Y, lo que es peor, una base social a la que nunca llegó ni un atisbo de pedagogía antifascista.

Por el contrario, ha sido el fascismo triunfante de la transición-trasacción el que ha ido determinando en qué consistía la “democracia”, quienes eran “demócratas” y quienes no. Han aprendido que mantener una apariencia formal de “democracia” es la mejor manera de dominar de forma total. Y de engañar más y mejor a la “chusma”.

Incluso, cuando hace falta –y para eso gozan de mayoría absoluta–, se dejan de “mariconadas” (en su propio lenguaje) y hacen y deshacen sin cortarse un pelo. Eso sí, en trajes de Armani, que eso de las camisas pardas o azul falange está muy demodé.

Uno se asombra de que aún no haya Unidad para echar al partido fascista del gobierno. Y de todas las instituciones. De que sigan los cálculos electorales mezquinos y no se afronte la realidad. Por mucho que mortifique.

O sea.

sábado, 23 de agosto de 2014

Balada del No hay olvido

A veces el destino de tus lágrimas llega hasta mí
como un arma terrible ardiendo con el tránsito de los besos,
entre restos de amor que discurren barranquera abajo,
como un sanguinolento pleamar de vino y de substancia,
de fríos amaneceres sin sonido, de metales insistentes
y de mariposa que agonizan con la ausencia.

A veces eres mujer y otras veces nenúfar;
a veces es perfume de ciruelas lo que circula por tus vasos linfáticos,
y esfuerzos humanos como palomas entre la noche y el tiempo.
Has conservado una tendencia amarga, un sabor solitario,
el aire encadenado sobre las ciudades.

A veces te desangras en los lavabos
o mueres de sobredosis en los retretes,
o te duermes borracho en los gélidos parques centrales
tal que bosques enjaulados de la city.
A veces te enamoras y otras veces respiras a medias:
tu corazón es un océano sin orillas, un lecho junto al frío,
un portal huido, un dominio acuchillado los domingos.

De cada uno de estos días negros a la deriva
recuerdo tu sombra contra las esquinas y los semáforos,
como un ciervo perdido en la espesura,
entre la masa sudorosa y apresurada,
con su directa indiferencia o su espeso latido.

Yo defiendo lo tenaz que aún sobrevive en tus ojos,
la esperanza que nace a cada paso posterior a cada derrota,
como si fueras algo que se transforma perpetuamente.

Un día de estos vas a descender de los rascacielos,
vas a subir de las alcantarillas,
vas a desenvainar palabras duras como filos de espadas,
vas a traer un cierto gesto intransigente, un magma regurgitado.

Un día de estos te vas a encender con venas y con saliva,
con dedos y pezones y pestañas nocturnas;
vas a inundar con amapolas y relámpagos
estas calles que huelen a cebolla mojada y nidos de gaviotas,
pintando con sangre sumergida las escuelas y los barrios periféricos.

No hay olvido.


sábado, 16 de agosto de 2014

Petroespañoles

No basta con cabrearnos con el cipayo de turno, con envenenarnos con los sinvergüenzas sin recato, con indignarnos con aprovechados y comisionistas. 

No basta con lamentar el peligro para unas aguas que consideramos como "nuestras", aunque no sean ni siquiera de la metrópoli que nos coloniza. Ni con temblar de miedo ante las negras, negrísimas, miradas a un futuro contaminado de piche y de saqueo.

No basta con tener sueños húmedos con hipotéticos resultados electorales, ni con fantasiosas guillotinas en las que rueden las cabezas de los señores del mal y de los sobres en B.

No basta con protestar, refunfuñar, maldecir.

Alguna vez habrá que mirar la realidad de frente. Dejar de ver el mundo a través de las televisoras españolas. Mirar el mapa. Conocernos. Reconocernos.

Alguna vez habrá que dejar de ser ese pueblo eternamente derrotado, que nunca llega a la historia. Alguna vez, paisanos, habrá que dejar de ser serviles.

Alguna vez habrá que pelear por nuestra soberanía, me parece. Por ser los dueños de nuestro destino. Por quitarnos de la chepa a tanto parásito multinacional, a tanto chupasangre local, a tanta especie dañina.

Va a doler. Tendremos que dejar de creer en los reyes magos, en que somos blancos, occidentales, europeos, españoles. Darnos cuenta de que somos los únicos súbditos de la monarquía borbónica que se creen eso de que los canarios somos "españoles".

Va a ser duro. Los pilares de nuestro amodorramiento deben caer. Nuestra "fé en la justicia" tiene que ser extirpada. Nuestra cómoda apatía "democrática" ha de ser quemada como el alijo de una peligrosa droga dura.

No es lo que nos hacen: es lo que les permitimos que nos hagan.

O sea.

sábado, 9 de agosto de 2014

Balada nocturna en La Portadilla (Serenata para Bette Davis)

El humo liado y empaquetado,
esa cosa que llaman cigarrillo,
se desangra o desceniza esta noche
de calima y luna y calles.

El yodo del mar llega sobre las azoteas
que se vuelven atónitas
hacia las quillas rectangulares de los muelles.
Coronadas por antenas, respirando
lentamente
el humo del hachich bajo los párpados dormidos
de la city, las horas de la noche hacen fintas por los armarios sudados
y se desploman sobre el hedor de los orines.

Sube el agua a los depósitos.
Bette Davis aplasta la colilla
y bajo las farolas respira regularmente
una húmeda y oscura masa abandonada
sobre una negra balsa de basalto contraído.

Bette Davis nunca conoció La Portadilla,
pero estamos todos enamorados
de los ojos de Bette Davis.
Aquí nadie es Blanco Anglosajón Protestante,
ni siquiera pretendemos imitar a Henry Fonda
en "El mejor Hombre".

En nuestras noches la atmósfera
se llena de sueños, jadeos y cuentas,
de niños que piden agua y viejos que tienen tos.

Somos un ejército terrible
que espera acampado en los arrabales.

Y estamos todos enamorados de los ojos de Bette Davis.