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Para escribir he nacido

Para vivir he nacido, para escribir estas cosas que te cuento, para hablar del tiempo deslizándose árido como la sal o amable como la brisa.

Camaradas

Necesitamos un arte que saque a la república del fango (Vladimir Maiakovski)

Sobre nuestros escudos

Hubo un tiempo en que pudimos haber llegado al tiempo. Ahora los augures sacan beneficio de cada profecía y en los desiertos del corazón yacen las flores en el pelo, el guirre, Ho-Chi-Minh.

Hombres libres

Cuando soplan el siroco y la calima, queda un lugar habitable aún en este territorio: algo de dignidad en la desgracia, algo de estoicismo en el sufrimiento, algo de coraje en la desdicha, el valor indomable de los hombres libres.

Adargoma

La fila india del Adargoma, con la formación que ganó el campeonato juvenil de Gran Canaria en 1976.

sábado, 23 de mayo de 2015

Paseante nocturno


A estas horas
la ciudad está llena de todo,
menos de paseantes.
Cae la canícula en cortinas espesas
y brilla un taxi bajo las luces amarillas.

Dentro de esas moles acristaladas
pequeños seres telefonean, orinan, mueren,
tal vez fornican, se preguntan
qué ropa se pondrán mañana.

El asesino empuña ya su cuchillo
dispuesto a interrumpir la pesadilla de alguien,
y yo no sé cómo decirlo,
cómo gritar
para que la ciudad despierte.


sábado, 16 de mayo de 2015

Malecón

La ciudad
se extiende sobre el mar,
sobre cobalto y espuma,
anclada en muelles vítreos
que dormitan enormes y tristes.

La bahía,
una herida negra de labios abiertos,
recibe el ardor de los marineros,
o su silencio alcoholizado,
o vómitos de tormenta.

Vestidos de humedad,
los estibadores arranchan las mercaderías
en metálicas cajas del color del vino,
y las prostitutas,
traídas de los cinco continentes,
preparan las pinturas para su particular batalla.

Un pescador
enfrascado en un juego de muerte
con el habitante sumergido,
reviste su sombra de farolas y calima.

Este es el territorio:
la bahía, la humedad, las putas,
un pálpito en lo oscuro.




sábado, 9 de mayo de 2015

Resistencia


Hay una guerra avanzando hacia nosotros.
Nuestras mentes están siendo ocupadas
mientras nos hundimos en televisión y desaliento.
Una tras otra caen nuestras fortalezas,
pero ninguna sombra se levanta de la tierra quemada.

Empecinadamente trazo anotaciones,
versos arrancados como cosas robadas
al dolor, a la tortura, a la época.

Alguien tiene que dar cuenta de estos días.
Alguien tiene que hablar de las mujeres y de los hombres invisibles
y de la canción de muerte que habita en sus ojos asustados.

Por eso escribo sobre la gente hambrienta.
Sobre filas de endriagos extraños al dolor humano.
Sobre el arsenal del odio y los agujeros de bala.

Por eso no puedo descansar de la palabra.
Por eso no hay lugar en el que pueda sentirme en casa.

Nuestras mentes están siendo ocupadas.
Hay una guerra avanzando hacia nosotros.

sábado, 2 de mayo de 2015

Los individuos y las masas


TEODORO SANTANA


El capitalismo suele presentársenos como el dominio de lo individual, el triunfo del individualismo, frente al socialismo que supondría lo colectivo, el colectivismo. Pero, ¿quiénes son los "individuos" en el capitalismo? Evidentemente, aquellos que pueden decidir sobre la marcha de la economía, sobre cuándo, dónde y cuanto invertir. Esto es, los propietarios del capital, que disponen del dinero suficiente para no esclavizar su tiempo al servicio de otros. 

Dicho de otra forma: bajo el capitalismo, los verdaderos "seres humanos" son los capitalistas, mientras el resto nos vemos forzados a ser la masa de desposeídos obligados a esclavizarnos por un salario. Una masa amorfa en la que nuestra fuerza de trabajo es intercambiable por la fuerza de trabajo de otro, en la que el capitalista puede intercambiarnos como simples números de una enorme reserva de "mano de obra". 

Nada hay más deshumanizador para un burgués que caer en la masa y verse obligado a emplearse para otro. Ya nos advierten que "el empresario también corre riesgos". ¿Y cuál es ese "riesgo"? Ni más ni menos que arruinarse, perder su capital y verse obligado a ponerse a trabajar por un salario. Y para que tal "catástrofe humanitaria" no se produzca, nos exigen a las trabajadoras y trabajadores que minimicemos –"moderemos"– nuestros salarios y aguantemos peores condiciones de trabajo. ¡No vayamos a permitir que esos "seres humanos verdaderos", que esos "individuos", se disuelvan en la masa anónima del proletariado! 

Y para que no nos "mosqueemos", poseen poderosos medios de engaño y manipulación: no en vano son los dueños de los grandes medios de "comunicación" de masas. Dicho en palabras de Marx, "la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante" (1)

Para garantizarse seguir siendo "individuos" y poder decidir su destino –y el nuestro–, para seguir siendo sujetos y no objetos del devenir social, los capitalistas disponen de todo el aparato del Estado a su servicio, de forma que sus "derechos individuales" permanezcan intocables, o vayan a más. Pero esos derechos son siempre los derechos del burgués: su "libertad" es la libertad burguesa, su "libre elección" de centros médicos o educativos es la libre elección del que tiene dinero, la "libre empresa" es su derecho a montar empresas con el capital del que es propietario –o, en la mayoría de los casos, del capital de todos acumulado en los bancos, que también son "suyos"–. 

Quienes vivimos de un salario, por muy "individuales" que nos consideremos, por muy únicos y diferentes que nos creamos, no somos más que cifras en una masa, marionetas cuyo destino está en las manos del que compra y vende nuestro tiempo y nuestro trabajo. No es de extrañar que los capitalistas se sientan superiores a nosotros, con "derecho divino" a dictarnos nuestras condiciones de vida, nuestra moral, nuestra reproducción y hasta nuestra muerte. 

Pero, como no pueden controlarlo todo, de vez en cuando de esta masa confusa y derrotada, surgen mujeres y hombres dispuestos a ser sujetos y no objetos, a cambiar el estado de cosas, a acabar con la esclavitud. Y se convierten de esta manera en seres humanos plenos, en individuos sociales, en personas que tienden los puentes al futuro. 

Revolucionarios, o sea. 


NOTA

(1) Karl Marx y Friedrich Engels. La Ideología Alemana, capítulo 1.