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Para escribir he nacido

Para vivir he nacido, para escribir estas cosas que te cuento, para hablar del tiempo deslizándose árido como la sal o amable como la brisa.

Camaradas

Necesitamos un arte que saque a la república del fango (Vladimir Maiakovski)

Sobre nuestros escudos

Hubo un tiempo en que pudimos haber llegado al tiempo. Ahora los augures sacan beneficio de cada profecía y en los desiertos del corazón yacen las flores en el pelo, el guirre, Ho-Chi-Minh.

Hombres libres

Cuando soplan el siroco y la calima, queda un lugar habitable aún en este territorio: algo de dignidad en la desgracia, algo de estoicismo en el sufrimiento, algo de coraje en la desdicha, el valor indomable de los hombres libres.

Adargoma

La fila india del Adargoma, con la formación que ganó el campeonato juvenil de Gran Canaria en 1976.

sábado, 4 de julio de 2015

Siamo i barbari

Somos los bárbaros caídos sobre las ciudades,
los extraños criados en la montaña,
en laderas y barrancos.

Nos hemos acostumbrado
a estas gentes de hábitos extraños.
Vestimos como ellos,
paseamos entre ellos,
nos confundimos con ellos.

Sólo de vez en cuando,
hacia el crepúsculo,
una mirada torva,
una idea salvaje.


sábado, 27 de junio de 2015

Syriza: con las reglas del enemigo


A lo más que teme la pequeña burguesía es a una revolución socialista, por mucho que se declaren "socialistas" y hasta "revolucionarios". Al fin y al cabo, nos dirán, "estamos mal, pero no tan mal". Por eso los políticos pequeño burgueses son incapaces de salir de los estrechos márgenes de la democracia burguesa. O ya puestos, del euro. Tras pavonearse como leones, los dirigentes de Syriza han demostrado no ser más que blandos gatitos, que tragan dócilmente con las imposiciones del imperialismo centroeuropeo.

En España, Pablo Iglesias ha defendido a sus colegas griegos aduciendo que "lo que han cedido es poco". Pues si le parece poca cosa el sablazo a las pensiones, la prolongación de la edad de jubilación y la subida del IVA sobre alimentos y otros productos básicos –por no hablar de todas las demás promesas electorales que se han dejado en la gatera–, cabe pensar que un hipotético gobierno de Podemos estaría también dispuesto a ceder en tales "menudencias".

Si uno no va en serio, las amenazas son vanas y el postureo termina notándose. Si uno no está dispuesto a enfrentarse de verdad al poder establecido, a desarmarlo, a destruirlo, difícilmente va a vencer en las mesas de negociación a los perros del capital financiero, podridos pero no idiotas, y a sacarles lo que no quieren ceder. Por eso el gobierno de Syriza no ha conseguido nada –salvo seguir con la soga al cuello un tiempo más– y el imperialismo europeo lo ha conseguido todo. Y aún quiere más.

El postureo es una de las principales manifestaciones ideológicas de la pequeña burguesía, que dice querer defender a la "clase media" –se refiere a los trabajadores– pero se siente superior a ella. No discute el negocio –esto es, el capitalismo–, sino que se postulan como mejores gestores del mismo, con más "sensibilidad social".

Por eso aceptan las reglas del enemigo. La "democracia" del enemigo. La sacrosanta Constitución y las leyes del enemigo. Los jueces del enemigo. Las leyes electorales del enemigo. El Registro de la Propiedad del enemigo. La moneda del enemigo. El ejército y las alianzas militares del enemigo. La policía del enemigo. Las cárceles del enemigo. Los medios de comunicación del enemigo. Y por eso mismo, rara vez consiguen algo –y, en ese caso, por poco tiempo–.

Los asalariados, que somos la mayoría de la población, deberíamos preguntarnos si nos ponemos a construir nuestras propias organizaciones y dotarnos de nuestra propia estrategia y nuestros propios "jefes" o si, por el contrario, podemos dejar todo nuestro futuro y nuestros intereses en manos de semejantes señoritos.

O, por decirlo en boca de uno de ellos, en manos de tales "generales mediocres". O sea.

sábado, 20 de junio de 2015

Arquitectura


Estas casas no están hechas para el hombre,
sino para ciertas ecuaciones arcanas
que tipos extraños trazan junto a planos extraños.
Ya no hay espacio, ni sombras, ni roca,
ni amplias alamedas, ni parques, ni árboles.

Detrás de tu puerta empieza lo desconocido.
Pegados a tu pared habitan los alienígenas.


sábado, 13 de junio de 2015

Izquierda, derecha, arriba, abajo


Discutir si el “eje izquierda-derecha” para clasificar a “la gente” está demodé frente al “eje arriba-abajo”, puede ser divertido, pero se trata de un ejercicio de metáforas topográficas que nada tiene que ver con las ciencias sociales.

Ya de entrada, referirse al conjunto de la población como “la gente” indica un escaso deseo por dotarse de un análisis serio, a la vez que una visión oscurantista de la realidad. Tal y como explicaban Marx y Engels en La ideología alemana, para que haya “gente” que opere en la historia o en la política, es ante todo preciso que esa “gente” esté viva. Y para vivir necesitan agua, alimentos, abrigo, vivienda y unas cuantas cosas más. Así que lo primero que debemos examinar es como cada persona de esa “gente” consigue los medios para vivir.

Y aquí sí que tenemos un primer gran eje objetivo: por un lado están los que se ven obligados a trabajar para otros por un salario. Son los asalariados o proletarios, cuantitativamente la inmensa mayoría de la población. En ella hay que incluir a los parados –es decir, asalariados sin empleo, a la espera de poder conseguir uno para sobrevivir– y a los pensionistas, esto es, proletarios que ya no son productivos y reciben un salario diferido para el que cotizaron toda su vida laboral.

Por otro lado están los que viven del trabajo de otros. Son los burgueses, dueños de las empresas y, por lo tanto, en situación de imponer a los no poseedores el precio por su trabajo. Una minoría de estos burgueses ni siquiera necesita pasarse por las empresas de las que son propietarios –total o parcialmente (mediante acciones)– para recibir sus beneficios. Estos son capitalistas en sentido pleno: no necesitan trabajar en absoluto.

En medio de esta gran división social en clases antagónicas, hay un pantanoso terreno de burguesía burocrática (funcionarios de alto nivel del Estado y la universidad, jueces, políticos profesionales, etc.), trabajadores no asalariados (autónomos) y pequeña burguesía –que oscila entre la sumisión total al estado capitalista y a los potentados, y la realidad de que su enemigo objetivo son las grandes corporaciones, que le lleva a la ruina sistemáticamente–.

Dado que el interés de los capitalistas es mantener a toda costa el sistema que les garantiza su riqueza y su dominio, y que el interés objetivo de los asalariados es acabar con el capitalismo, es preciso señalar otro gran eje clarificador: el que separa a las fuerzas partidarias del capitalismo (con rostro más o menos "humano") de las fuerzas partidarias del socialismo, en sus distintas variantes.

En este sentido hay que reconocer que las fuerzas partidarias del capitalismo son, a día por hoy, abrumadoras. Van desde la derecha (PSOE) y la extrema derecha (PP, C's), al reformismo iluso que pretende un capitalismo con "sensibilidad social" (Podemos, IU). Por contra, las fuerzas partidarias del socialismo son practicamente inexistentes, dispersas, anticientíficas y semianalfabetas, y con nula implantación social.

Como corolario del eje fuerzas partidarias del capitalismo - fuerzas partidarias del socialismo, cabe señalar el eje fuerzas imperialistas frente a fuerzas antiimperialistas y anticolonialistas. En este archipiélago africano estamos acostumbrados a ver que algunos que se dicen partidarios del socialismo adoptan posiciones imperialistas españolistas con respecto a Canarias. Cosa que les viene facilitada por la debilidad y primitivismo de buena parte de las fuerzas anticolonialistas, por lo demás residuales y arrinconadas en su propio gueto.

Por último, y como guía general para evitar el sectarismo y el aislamiento, hay que trazar un eje claro entre el pueblo y el enemigo. Llamamos "pueblo" a los asalariados y al conjunto de sectores intermedios, potenciales aliados estratégicos de los asalariados y objetivamente interesados en el avance al socialismo, aunque aún –y todavía por un largo periodo de tiempo– no lo vean. El enemigo, indudablemente, es el cartel de grandes capitalistas y potentados financieros que dominan el Estado y la economía.

Mientras que, por ejemplo, PP y PSOE están al servicio del enemigo, otros como Podemos e IU, con todas sus contradicciones, forman parte del pueblo. Saber diferenciar entre el pueblo y el enemigo es fundamental. Mientras que las contradicciones en en seno del pueblo deben resolverse por la crítica, la batalla de ideas y el convencimiento, las contradicciones entre el pueblo y el enemigo son irresolubles –al menos de forma pacífica–.

Parafraseando a Dürrenmatt, "tristes tiempos estos en que es necesario explicar lo evidente".