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Para escribir he nacido

Para vivir he nacido, para escribir estas cosas que te cuento, para hablar del tiempo deslizándose árido como la sal o amable como la brisa.

Camaradas

Necesitamos un arte que saque a la república del fango (Vladimir Maiakovski)

Sobre nuestros escudos

Hubo un tiempo en que pudimos haber llegado al tiempo. Ahora los augures sacan beneficio de cada profecía y en los desiertos del corazón yacen las flores en el pelo, el guirre, Ho-Chi-Minh.

Hombres libres

Cuando soplan el siroco y la calima, queda un lugar habitable aún en este territorio: algo de dignidad en la desgracia, algo de estoicismo en el sufrimiento, algo de coraje en la desdicha, el valor indomable de los hombres libres.

Adargoma

La fila india del Adargoma, con la formación que ganó el campeonato juvenil de Gran Canaria en 1976.

sábado, 7 de enero de 2017

Noche de las islas


El gran Dios Blanco fornica con un cerdo
hincándole el semen metálico hasta las entrañas,
perforando divinamente sus esfínteres
hasta volverle los ojos transparentes
y la lengua verde.

Este infame dios de rebajas de enero, el dios
que impone su reinado gris, brutalmente apagado,
en estas islas perdidas en otro continente,
extendiéndose como la inmundicia o la resignación
por la ciudad alargada, gusanera de avalancha,
y de cambalache y de madrugadas hipócritas.

Anaqueles y mármoles para seguir de rodillas,
en esta nación sin ardientes batallas, ni héroes, ni fechas gloriosas,
con gentes sumergidas en latidos subterráneos,
enfrentados como perros por los despojos y las migajas,
embarrados en desventuras y tarjetas de crédito,
mientras sonreímos a los imbéciles que bajan de balcones como cloacas,
o suben a las tribunas infames, a los púlpitos lascivos.

Indiferentes a todo, sumisos o engreídos,
nada saben aún del guerrero que empuña palabras como cuchillos
y se ha ceñido al cinto su largo sable,
que se está levantando al alba fría,
el bárbaro instruido que no trae la paz
sino la espada.




Imagen de cabecera de esta entrada: 

sábado, 24 de diciembre de 2016

Balada del No hay olvido



A veces el destino de tus lágrimas llega hasta mí
como un arma terrible ardiendo con el tránsito de los besos,
entre restos de amor que discurren barranquera abajo,
como un sanguinolento pleamar de vino y de substancia,
de fríos amaneceres sin sonido, de metales insistentes
y de mariposa que agonizan con la ausencia.

A veces eres mujer y otras veces nenúfar;
a veces es perfume de ciruelas lo que circula por tus vasos linfáticos,
y esfuerzos humanos como palomas entre la noche y el tiempo.
Has conservado una tendencia amarga, un sabor solitario,
el aire encadenado sobre las ciudades.

A veces te desangras en los lavabos
o mueres de sobredosis en los retretes,
o te duermes borracho en los gélidos parques centrales
tal que bosques enjaulados de la city.
A veces te enamoras y otras veces respiras a medias:
tu corazón es un océano sin orillas, un lecho junto al frío,
un portal huido, un dominio acuchillado los domingos.

De cada uno de estos días negros a la deriva
recuerdo tu sombra contra las esquinas y los semáforos,
como un ciervo perdido en la espesura,
entre la masa sudorosa y apresurada,
con su directa indiferencia o su espeso latido.

Yo defiendo lo tenaz que aún sobrevive en tus ojos,
la esperanza que nace a cada paso posterior a cada derrota,
como si fueras algo que se transforma perpetuamente.

Un día de estos vas a descender de los rascacielos,
vas a subir de las alcantarillas,
vas a desenvainar palabras duras como filos de espadas,
vas a traer un cierto gesto intransigente, un magma regurgitado.

Un día de estos te vas a encender con venas y con saliva,
con dedos y pezones y pestañas nocturnas;
vas a inundar con amapolas y relámpagos
estas calles que huelen a cebolla mojada y nidos de gaviotas,
pintando con sangre sumergida las escuelas y los barrios periféricos.

No hay olvido.


[Imagen de esta entrada: tratamiento propio de un fragmento de una foto tomada de https://twitter.com/azul_mar_cielo/status/501626861768949761]

sábado, 10 de diciembre de 2016

Estoy lleno de isla


Me arrancaron hacia la Europa meridional,
hacia donde no hay viento o perfume del hombre,
hacia donde jamás el mar impone su amenaza.
Pero aquí quedaron mis pulmones respirando en Las Canteras,
como música cuajada en hielo súbito.
Aquí quedaron mis ojos oteando entre los versos
de muchachos de miradas polvorientas
y profundos cercos de muerte en las mejillas,
y un lejano horizonte que se encuentra más allá de la línea azul
donde las espumas furiosas amontonan sus rastros.
Aquí se quedó mi corazón, perdido en las ramas de un amor delirante,
y mi espalda apoyada en la arena cálida,
en el recuerdo tibio de avispas ahogadas
y en la razón.
Quedaron mis fuerzas empeñadas en una lucha infinita,
y mis palabras,
que no aplauden los consagrados de dentaduras de vidrio postizo,
ni las autoridades, ni la gente respetable.
Mi sexo, mis riñones, mis vasos capilares y las arterias
quedaron en el subsuelo
(¿o no han notado un ligero sabor a sangre
desde hace unos meses en el agua corriente?)

Quedaron aquí entre nísperos y amanitas
mis compañeros de viaje, mis cómplices de poesía,
como aprendices de brujo o harimaguadas.
Poco de mí se llevaron ciertamente estos lobos
(acaso las gafas, ni siquiera la mirada).

Mi espacio sin perfil en isla se abandona:
aquí me quedé
y aquí me encuentro.

(De Si me preguntas de dónde vengo)




Imagen de la cabecera de esta entrada:
Fragmento de una foto de mapio.net