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Para escribir he nacido

Para vivir he nacido, para escribir estas cosas que te cuento, para hablar del tiempo deslizándose árido como la sal o amable como la brisa.

Camaradas

Necesitamos un arte que saque a la república del fango (Vladimir Maiakovski)

Sobre nuestros escudos

Hubo un tiempo en que pudimos haber llegado al tiempo. Ahora los augures sacan beneficio de cada profecía y en los desiertos del corazón yacen las flores en el pelo, el guirre, Ho-Chi-Minh.

Hombres libres

Cuando soplan el siroco y la calima, queda un lugar habitable aún en este territorio: algo de dignidad en la desgracia, algo de estoicismo en el sufrimiento, algo de coraje en la desdicha, el valor indomable de los hombres libres.

Adargoma

La fila india del Adargoma, con la formación que ganó el campeonato juvenil de Gran Canaria en 1976.

sábado, 16 de julio de 2016

Manual de la Alegría (III)


Sin saber nada llegué a la existencia
y de nada servirá al partir cuanto haya aprendido.
A veces palpita la risa en mis lágrimas,
otras veces hay llanto cuando muestro los dientes.
Alegría y dolor son matices sanguinolentos
de la profunda tormenta que barre mi alma.
Un instante de gozo es lo único que importa,
los mil besos tallados en la piedra de mi cuerpo
que se disipan con las horas y los cigarros.

El sentido de la vida no me ha sido desvelado
y así amo a ciegas en un laberinto sombrío.

sábado, 2 de julio de 2016

Manual de la Alegría (II)


El destino de mi corazón es el ser herido,
una y otra vez, cada instante, hasta el infinito.
¿Qué suplicio puedo temer del averno
si del paraíso sólo percibo ausencia?
En pecado persisto convertir mis acciones futuras
porque amo a los hombres y no a los dioses,
y ya sufro el castigo de la amargura y el desconsuelo
por las faltas innumerables que he cometido o cometeré.
Ninguna riqueza he obtenido del mundo,
ninguna gloria del fluir del tiempo:
soy una tea que arde de la nada a la nada,
sólo una copa rota en un páramo vacío.
Ni rezo ni oculto mis errores:
mi sello se romperá cuando duerma con el Universo.

sábado, 25 de junio de 2016

Albañiles


Con su sudor transmutan el aire
en metal y hierro, y cada día
hacen crecer la sustancia
con la alquimia del hormigón
y de sus manos.

El oleaje inmóvil de los edificios
se eleva de la arena y del basalto,
invadiendo el espacio y la perspectiva
como un álgebra vertical desatada.

Los ladrillos avanzan con agua y con cemento,
con brazos y fiambreras,
con la voluntad del hombre
y la abolición de la geografía.

La marea de albañiles trepa en andamios,
deja una espuma de catedrales y rascacielos,
de paredes que suben empecinadas
al asalto de las nubes y del cielo.

Cantan las paletas al ritmo de las hormigoneras
construyendo las cuevas de la gente,
sus cavernas, grutas o moradas,
los nidos del sueño y las familias,
las cavidades donde palpitan heridos
los habitantes de las ciudades,
los miradores donde los sabios
contemplan las estrellas.