Social Icons

rss feed email

Featured Posts

Para escribir he nacido

Para vivir he nacido, para escribir estas cosas que te cuento, para hablar del tiempo deslizándose árido como la sal o amable como la brisa.

Camaradas

Necesitamos un arte que saque a la república del fango (Vladimir Maiakovski)

Sobre nuestros escudos

Hubo un tiempo en que pudimos haber llegado al tiempo. Ahora los augures sacan beneficio de cada profecía y en los desiertos del corazón yacen las flores en el pelo, el guirre, Ho-Chi-Minh.

Hombres libres

Cuando soplan el siroco y la calima, queda un lugar habitable aún en este territorio: algo de dignidad en la desgracia, algo de estoicismo en el sufrimiento, algo de coraje en la desdicha, el valor indomable de los hombres libres.

Adargoma

La fila india del Adargoma, con la formación que ganó el campeonato juvenil de Gran Canaria en 1976.

sábado, 26 de julio de 2014

Palimpsesto

Las paredes son el campo de batalla
entre los rectángulos del ayuntamiento
y el alma en spray de los grafitteros,
del feroz combate entre la uniformidad gris
y el relámpago de sangre trazado en la noche.

Paseo con soledad y con calma
en la devastación que queda al acabar el día.
Mañana la ciudad tendrá otra lectura,
una señal de impaciencia a pie de página.

Enamorado de las palabras,
saludo el mensaje que ha conseguido
atravesar las líneas enemigas:

Iván corazón Vanesa.

martes, 22 de julio de 2014

Desmenelados

El partido fascista español –ya saben, ese de la gaviota, digamos gamada– está desmelenado. Tras las diversas estocadas hasta la empuñadura en legislación laboral, en sanidad, en educación, en servicios sociales, en derechos democráticos, etc., ahora se dispone a darnos la puntilla con centenares de nuevos recortes.

Son insaciables. Cada abuso sin respuesta les anima a nuevos abusos. Se sienten impunes. Alardean de que disminuyen las huelgas y las manifestaciones. Mienten con total descaro. Retuercen hasta lo indecible las leyes electorales para ganar como sea. No necesitan vestir camisas pardas ni el uniforme falangista. Lo quieren todo, y lo quieren ahora.

Sigo maldiciendo por las esquinas ante el absurdo de que aún no haya un frente unitario de la izquierda –es decir, de la izquierda– para pararle los pies al monstruo. Espero aún un solo argumento, una sola razón para que no se haya articulado la Unidad en esta situación de emergencia.

Por mucho que uno se quede solo, hay que seguir tocando a rebato. Zafarrancho de combate, compañer@s, o sea.

sábado, 19 de julio de 2014

¿Quién dice que los vampiros no existen?

Relatan los entendidos que los vampiros son criaturas que se alimentan de la esencia vital de los humanos, especialmente de su sangre, para así mantenerse vivos. En la Historia se da cuenta de unos cuantos personajes tenidos por vampiros: el conde rumano Vlad Tepes (Drácula), la condesa húngara Erzsébet Báthory, el barón francés Gilles de Rais, el duque inglés Henry Fitzroy, y en este plan.


Como ven, todos aristócratas, todos poderosos. Porque hay que tener mucho poder para disponer de nuestro tiempo, devorándonos la vida en jornadas de doce o catorce horas y pagándonos una porquería. Hay que tener mucho poder para hacernos vivir en el miedo permanente a ser despedidos o a no encontrar trabajo, soportando paralizados todos los abusos y todas las humillaciones.

Es su condición de poderosos los que les permite dominar nuestras mentes con la televisión, adoctrinarnos desde niños en su ideología para esclavos, convertirnos en simple masa de la que alimentarse. Y la que les permite financiar o no partidos, poner y quitar gobiernos, proclamar u obligar a abdicar reyes, alcaldes, tribunos.

Hay que detentar mucho poder para condenarnos a envejecer como zombis, con pensiones de mierda, temblando ante el castillo infranqueable de una sanidad depauperada. Para reducirnos a la condición de rebaño, de ovejas temblorosas. Para que encima vitoreemos a los monstruos.

Y además son insaciables. Lo explicaba Marx en El Capital: “El obrero no es ningún agente libre y su vampiro no cesa en su empeño, mientras quede un músculo, un tendón, una gota de sangre que chupar”.

Les podemos llamar oligarquía, “casta” o, aún mejor, mafia. Pero son, simplemente, vampiros. O sea.


sábado, 12 de julio de 2014

Ideas nuevas, ideas viejas

No hay argumento más estúpido que el descalificar una idea o una teoría tachándola de "vieja". Los antiguos egipcios, y después los griegos, sostenían la ahora "anticuada" teoría de que la Tierra es esférica. La idea de que nuestro planeta es quien gira alrededor del sol, y no al revés, es "vieja". Sin embargo el mundo sigue girando alrededor de nuestra estrella.

Por supuesto, la idea de que la Tierra está apoyada sobre cuatro pilares, que a su vez están sobre cuatro elefantes y éstos sobre una tortuga gigante que nada en un océano enorme, es "vieja". Pero su ploblema no es que sea vieja, sino que es errónea –algo que ya sabía Erastótenes en el siglo III aEC.

Claro que hay teorías, digamos, incómodas. Por ejemplo, las de Karl Marx –tan "antiguas" como la de la evolución de las especies de Darwin–. Para no tener que comprometerse, se ha cogido la costumbre de despreciarlas por "viejas", pese a la exactitud de su análisis. De hecho, toda la economía burguesa posterior sigue sin ser capaz de dar pie con bola porque se fundamenta en negar los principios científicos establecidos por el pensador alemán. Así les va, claro.

Lo cierto es que la producción de la riqueza, de la plusvalía, sigue siendo fruto del trabajo incorporado en la producción de mercancías. Y que ese plusvalor, que no es más que trabajo no pagado, se lo apropian los capitalistas. Es algo tan "antiguo" como antiguo es el capitalismo. Después lo pueden pintar del color que quieran, pero ésa es la impepinable realidad.

Una idea o teoría puede se correcta o equivocada. Lo que hay que discutir es si es lo uno o lo otro, y comprobarlo empíricamente ("la práctica es el único criterio de verdad objetiva", que explicaba Deng Xiaoping). Todo lo demás son excusas y sofismas de mal perdedor.

¿Que le molesta tener que estudiar en serio y, lo que le resulta peor, tener que comprometerse? Nada, no lo haga. Pero no nos cuente milongas, oiga.

Señor, qué cruz.