Social Icons

rss feed email

Featured Posts

Para escribir he nacido

Para vivir he nacido, para escribir estas cosas que te cuento, para hablar del tiempo deslizándose árido como la sal o amable como la brisa.

Camaradas

Necesitamos un arte que saque a la república del fango (Vladimir Maiakovski)

Sobre nuestros escudos

Hubo un tiempo en que pudimos haber llegado al tiempo. Ahora los augures sacan beneficio de cada profecía y en los desiertos del corazón yacen las flores en el pelo, el guirre, Ho-Chi-Minh.

Hombres libres

Cuando soplan el siroco y la calima, queda un lugar habitable aún en este territorio: algo de dignidad en la desgracia, algo de estoicismo en el sufrimiento, algo de coraje en la desdicha, el valor indomable de los hombres libres.

Adargoma

La fila india del Adargoma, con la formación que ganó el campeonato juvenil de Gran Canaria en 1976.

sábado, 19 de abril de 2014

Fusiles y papeletas

Lo explicaba Lenin: "La única garantía posible de democracia es un fusil en el hombro de cada obrero". Todas las fantasías biempensantes se desmoronan cuando la realidad se impone. Y esa realidad es que las clases dominantes no se van a dejar arrebatar pacíficamente sus privilegios por el simple hecho de haber sido derrotados en las urnas.

El hecho es que la burguesía sólo reconoce los resultados electorales cuando les son favorables. Por eso es suicida pensar que va a aceptar la "democracia" cuando esos resultados pongan en peligro sus intereses.

Basta repasar la historia. Incluida la del propio Estado español, en el que las consecuencias de la derrota militar de la clase obrera y del pueblo hace 75 años aún permanecen. O la de sus guerras coloniales, que han dejado un reguero de salvajismo, crueldad y terror para, una vez derrotada España, salir de cada país con el rabo entre las piernas.

Eso no quiere decir que debamos renunciar a la lucha en las urnas, a utilizar elecciones o referendums para hacer avanzar posiciones y conformar mayorías populares. De hecho, son las oligarquías capitalistas las primeras que rompen las urnas o impiden consultas populares por el simple poder de la fuerza. Que no lo olviden los ucranianos. Que lo sepan los catalanes. Que lo tengamos en cuenta los canarios.

Porque, como también señalaba Lenin, "una clase oprimida que no aspire a aprender el manejo de las armas, a tener armas, no puede ser considerada más que como una clase de esclavos. Nosotros, sino queremos convertirnos en pacifistas burgueses ó en oportunistas, no podemos olvidar que vivimos en una sociedad de clases, de la que no hay otra salida que la lucha de clases".

Lo cual no es óbice para oponernos radicalmente a la violencia de grupos reducidos que usurpan la voluntad de las masas. Y que sirven de excusa a las clases dominantes para que toda acción popular sea calificada de "terrorista". Y, en consecuencia, poder imponer "razonablemente" todo tipo de legislación represiva y medidas de "excepción".

Sé que no gusta oír estas cosas. Pero, sin duda, la principal arma de que disponemos es nuestro cerebro. Y todavía podemos usarlo. Podemos pensar. Y si lo hacemos, ni reyes ni oligarcas con todos sus tanques, cañones o bombarderos, no tienen nada que hacer.

sábado, 12 de abril de 2014

República

La república es la forma democrática del Estado, basada en el principio de que todos los poderes emanan del pueblo y de que no hay nadie que ocupe ninguna responsabilidad pública por derecho de nacimiento o de sangre. La monarquía, en cambio, es el sistema proveniente del feudalismo, que establece la primacía en la jefatura del Estado a determinados individuos, sean cuales sean sus méritos o deméritos.

La vigente Constitución española fija en una familia la jefatura hereditaria del Estado y el mando de las fuerzas armadas. En la línea de perpetuar el carácter feudal de la monarquía establece que "la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad".

Todos los medios de comunicación y todos los grandes partidos son monárquicos. La propaganda monárquica es abrumadora, sin fisuras. En cambio, las críticas al Rey o a la familia real son un delito que puede costar la cárcel. La reinstauración de la monarquía fue la gran jugada del franquismo en España. Como no se pudo romper con el fascismo, la continuidad blindada del Estado supuso la imposición de la monarquía. Y no hay forma de que eso cambie.

Tal y como están las cosas, Canarias puede seguir sometida a una monarquía europea, en la que los cadáveres de los demócratas asesinados aún están en pozos y cunetas y en la que las indignas sentencias del fascismo contra ellos no han sido revocadas. O puede construir su propia República.

República Socialista, claro. Partirse el pecho por una república burguesa la verdad que no merece la pena.

sábado, 5 de abril de 2014

Que la tortilla se vuelva


El mundo al revés. Los fascistas dando lecciones de democracia a los que nos jugamos la vida combatiendo a la dictadura fascista. Los monopolizadores de la violencia y la tortura, presentándose a sí mismos como los campeones del pacifismo y los valores cívicos. Los ideólogos a sueldo de la clase dominante, denunciando las ideologías.

Los que se lucran con el trabajo ajeno son “emprendedores” y “creadores de empleo”, y los salarios de hambre son “cargas sociales”. La emigración forzada por la miseria es “movilidad exterior” y “espíritu aventurero” de los jóvenes. La sobrexplotación de los asalariados para mantener los beneficios de banqueros y oligarcas es un “esfuerzo colectivo”, y las leyes de pauperización, “reformas”.

La cosa llega al extremo de que un rey golpista, impuesto por el fascismo, es retratado perpetuamente como el “salvador” de la democracia. No cabe mayor escarnio.

Dan igual los hechos objetivos, las pruebas, los vídeos, las denuncias documentadas incluso desde sus propias filas –ah, Pilar Urbano, esa roja peligrosa–. Lo importante es la propaganda, repetir las mentiras mil veces, un millón de veces, desde telediarios, tertulias, informes “objetivos”. Desde la radio y desde los púlpitos. Desde su soberbia y nuestro apocamiento.

Lo tienen todo. Las armas, los gorilas a sueldo, los jueces a medida, los medios de comunicación y de incomunicación de masas, el dinero. Su poder es omnímodo. Bien claro nos repiten que nunca cederán ni un ápice. Que ya pueden chillar los catalanes, o las mujeres, o los parados. Que jamás se conseguirá lo que queremos.

Entonces, ¿por qué tienen miedo?

sábado, 29 de marzo de 2014

La memoria falsificada

No es ya aquello de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, conclusión inevitable por el endulzamiento de las cosas que provoca la memoria –y porque, al fin y al cabo, éramos más jóvenes y con mejor salud–. Llevamos una semana de pura propaganda de guerra destinada a la santificación de Adolfo Suárez y, de paso, a la beatificación de la monarquía y de la transición del fascismo al postfascismo, a la que acudieron sumisos los que, por ansias puramente electoralistas, corrieron a traicionar y traicionarnos.

Tampoco es ese remake del velatorio de Franco que hemos sufrido –con mil veces menos gente y un fracaso radical en las audiencias de los programas especiales televisivos. Lo explicaba Marx: “la historia se repite dos veces; la primera como tragedia, y la segunda como farsa”. Claro que ver juntos al Trío Calaveras (González, Aznar, Zapatero) sí que no tiene precio.

Lo peor es que nos hayan querido hacer tragar con una burda impostura, con la falsificación de nuestra propia memoria, tanto colectiva como personal. Entre banderas, himnos, misas catedralicias y panegíricos vergonzosos, devoran la carne del falangista que ya era sólo un guiñapo, arrojado a las tinieblas exteriores por los mismos que se pavonean con su cadáver.

“Cambiar todo para que nada cambie”, como explicaba Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su novela Il Gattopardo. Mantener incólume el poder omnímodo del fascismo (banca, clero, oligarcas, jueces, caciques, colonialismo) mientras se hace ver que todo ha cambiado. Para ese papelón pusieron a Suárez, y a fé que lo cumplió. Hasta que se lo creyó, claro, y dejó de serles útil. Entonces le dieron la patada.

Para garantizar esa enorme estafa, fundamentada en el poder infinito de la televisión como arma de manipulación masiva, por un lado, y en una represión férrea por otro, era necesario que unos cuantos murieran. Por eso bajo el gobierno de Suárez, y la inefable mano del infame fascista Martín Villa, la policía y la guardia civil asesinaba a obreros y a estudiantes. Por no hablar del Batallón Vasco Español, la Triple A y algún que otro montaje de las cloacas del Estado.

Sólo en Canarias nos arrebataron en ese periodo a Bartolomé García Lorenzo (septiembre de 1976) y a Javier Fernández Quesada (diciembre de 1977) –en octubre de 1975 ya nos habían arrebatado a Antonio González Ramos, cuando Franco agonizaba y Suárez era Vicesecretario General del partido fascista–. Por si fuera poco, en abril de 1978 el gobierno Suárez perpetraba el intento de asesinato de Antonio Cubillo en Argel.

Añadan ustedes a eso torturas, encarcelamientos y abusos sin tino contra las luchadoras y los luchadores demócratas. Más que falta de memoria, hay que tener mucha cara dura para encumbrar a un tipo como Adolfo Suárez González. Pero así es la maquinaria de propaganda del Estado.

No vean cómo se va a poner la cosa cuando la palme el Borbón.

sábado, 22 de marzo de 2014

La izquierda divina de la muerte

Es cierto que ante la indignidad y la crueldad del capitalismo, algunos burgueses (los mejores y más capaces) se pasan a las filas del proletariado revolucionario. Marx y Engels, por ejemplo. Son la excepción claro. La mayoría de los burgueses (y, sobre todo, de los pequeños burgueses) que se visten "de izquierdas", sólo nos traen lo peor de su clase: afán de protagonismo, componendas, sectarismo, chalaneo, reformismo... Sean abogados, funcionarios universitarios o tenderos, se presentan siempre en el papel de "conductores", de jefes, de generales. Nunca de tropa, claro.

Cuando algunos hernández, o gonzález, o santana –por no ir más lejos– se atreven a cuestionar sus posiciones, se llenan de santa indignación. ¿Pero que se han creído que son? Sin apellidos ilustres, sin contactos en la "alta sociedad", a veces sin carrera, o sin dinero, o hasta sin coche, se atreven a cuestionar a "los de toda la vida". ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Los conozco bien. He tenido que soportar durante décadas su desprecio de clase, su gazmoñerías, sus egos hipertrofiados. Cuando usan la palabra "revolución" –poquito, la verdad– es sólo de forma decorativa. Porque si algo teme nuestra izquierda burguesa es, precisamente, a una revolución. Oigh, porfa, no le vayamos a alterar su acomodada vida. Lo suyo son las elecciones (burguesas) y las reformas (burguesas) para que el capitalismo sea más cool, más chachi. Y que huela bien, fitetú

Canarias es el caso extremo de una izquierda totalmente secuestrada por los señoritos. Los que "triunfan" se pasan con armas y bagajes a la derecha. Y los que no, siguen enquistados en la izquierda impidiendo que llegue la primavera irreverente, anticolonialista, sin pedigree. La primavera de los no-A, de los asalariados, de los parias.  

Los franceses le llaman la gauche divine, no les digo más. Como se dice, quién no los conozca que los compre. O sea.

sábado, 15 de marzo de 2014

Combatientes

A  quienes una vez luchábamos juntos, aunque fuera sólo durante un fragmento de la mañana, un abrazo. Qué más da las diferencias, grandes o pequeñas, los desacuerdos, las frustraciones. Apostábamos con todo lo que teníamos, y a veces hasta acertábamos.

A estas alturas, tras horas y horas de reuniones, de carreras, de palos, de detenciones, o cárcel, o torturas, y pegadas, y mítines, y reparto de panfletos, lo que importa es que peleamos juntos contra los enemigos del hombre. Y que estamos dispuestos a volver a combatir cuando todo esté (está) en peligro.

Porque no hemos sido adocenados, ni nos hemos complacido con las minucias, y porque procurábamos ver más allá de nuestras narices. Porque hemos estado en la rebelión y en la amargura, y seguimos disconformes con la cotización en oro de un ser humano. Porque existimos, aunque sea maldiciendo, renegando, respirando a medias. 

Porque lo que amamos es más grande que nuestras heridas. Y porque esa "inmensa humanidad" que espera nos necesita, ahora más que nunca.

Compañeras, compañeros: está llegando el tiempo.