Escribir bien es un asunto de destreza, de acuerdo. Pero, sobre todo, es cuestión de tener ideas poderosas, activas y ordenadas. Y, por lo tanto, de una cabeza bien organizada. Se puede ser todo lo bohemio que se quiera, pero la mente no puede serlo. Escribir bien es tener ideas desbordantes y comprimirlas en un texto relativamente breve y sintético, contundente. Lo contrario es tener una o dos ocurrencias deslavazadas, y llenar un libro con asociaciones de ideas desordenadas que se amontonan en torno a ellas.Evidentemente, las buenas ideas y las mentes organizadas no son frecuentes. Tal y como cantaba Maiakovski: “En estos tiempos / los buenos versos escasean. / Por un buen verso / pondría mis tripas / en la acera / con mucho gusto”.
Chico Buarque canta Construção
[El comité de huelga se encerrará otra vez al ser desalojado de la Dirección Territorial de Educación]


1 comentario:
Lo curioso de teorizar sobre el arte de la escritura, como de cualquier arte, es que a pesar de las normas que puedan quedar escritas, inspiradas por el sentido común o el estudio concienzudo de los especialistas, nada promete que una formula prescrita funcione mejor que otras que pudieron no recibir siquiera el cuidado de ser prescritas, o que incluso se hayan desechado; y mucho menos que ésta sea verdad, o más verdad que otra. La cuestión es la incógnita, seguir escribiendo para seguir encontrando el error o el acierto que nadie puede decidir de antemano. Y sin embargo, dicho lo anterior, no se puede escapar, a la vez, de la arcada cuando al leer ciertos libros siento que me han estafado por lo malos que me llegan a parecer. Debe de haber algo en el fondo de todo, eso que hace saltar mis alarmas y lo difícil será recuperar el detonante y catalogarlo con exactitud para luego habilitarlo como herramienta que nos permita seguidamente generar sólo buena literatura, o arte.
Nos enfrentamos al arte, o a la vida, siempre con una mezcla de nuestro sentido común, cierta cantidad de lecturas, experiencias o estudios (que cada uno contabilice su bagaje con su propio sistema métrico) y el gusto personal, que nos revelan rápidamente que hay literatura peor y mejor; juicios que en ningún caso tiene categoría de inapelables, ni de definitivos.
Y a la vez que nada está claro hay arte que detesto y otro que amo, diría cualquiera. Cada vez más tiendo a pensar que es en la dificultad de establecer lo absoluto donde crece la flor imposible del arte, nadie sabe cual es su verdadero color, cada uno ve uno distinto.
David Guijosa
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