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sábado, 28 de noviembre de 2015

Ojos que no ven


Para alegría de algunos, me estoy quedando ciego. Treinta y tres años de pantallas de ordenador y miles de libros pasan factura en forma de cataratas, esa veladura odiosa. Si tengo suerte y el Sevicio Canario de Salud llega antes que la oscuridad, me someteré a unas intervenciones quirúrgicas que suelen dar muy buenos resultados. Veremos (o eso espero).

Porque, en contra de lo que afirma el dicho, cada vez siento más. Y cada vez tengo menos paciencia con las injusticias, con el sufrimiento innecesario, con los causantes del dolor humano. Los ojos de la cara pueden fallarme, pero no los ojos del corazón. Cuando la mayoría no quiere ver, porque eso les obligaría a comprometerse, sigo peleando por la persistencia de la visión, por la claridad de la conciencia.

O eso, o es que me vuelvo cada vez más cascarrabias.

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