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domingo, 19 de julio de 2009

Ambición

Nunquam est fidelis cum potente societas, decía Fedro en sus Fábulas: nunca debemos confiar en una alianza con los poderosos. Pero la ambición hacer perder el sentido, y no solo el común.

En Canarias somos testigos de este sinsentido. Basta que se suelte el engodo de las posibles comisiones en las inversiones estadounidenses en África Occidental, para que haya gente que se ponga a babear. Desde los grandes tiburones a los más pequeños gueldes, nadie quiere sopesar los pros y los contras de entregarse a las grandes corporaciones imperiales. De regalarles facilidades para instalarse, suelo, exenciones fiscales, base de la OTAN.

Ni siquiera se enciende una pequeña luz roja que alerte sobre el innegable hecho de que EEUU no tiene amigos, sino intereses. "Mi reino por una comisión", es lo único que telegrafían sus neuronas. Bien decían los antiguos griegos que, cuando los dioses quieren perder a los hombres, los ciegan. Y nada mejor para cegarlos que su propia codicia.

Los que se alquilan de agentes del imperio aún antes de cobrar un dólar (sólo con la esperanza de que caiga algo) son más patéticos que los que sí tienen su porcentaje asegurado. Ya lo explicaba Schiller: "Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano". O sea.

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