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sábado, 16 de marzo de 2013

Poesía

No merece la pena. Lo mío es escribir, no dedicarme a labores de mercadeo, promoción y autobombo; inútiles por lo demás ante la avasalladora superioridad de la potencia de fuego de las grandes editoriales y los medios de comunicación que maneja.

Mucho menos desde unas Islas perdidas en medio del océano, condenadas a no llegar a ser, a no alcanzarse nunca a sí mismas. Colonizadas hasta la médula, poco tienen que hacer aquí quienes no se venden al poder, al mercado o a la mafia de turno.

Seguiré escribiendo, porque no lo puedo evitar. Rumiando mis versos con sangre y con saliva. Pero me despreocupo de todas las tonterías y la parafernalia que no es poesía. Se perderán mis versos en la niebla del tiempo, condenados antes de nacer. Pero, oh sí, alguna vez brillaron.

En realidad da igual. Dentro de dos mil años, sólo se recordará a un tal Homero.

"¡Canta, ¡oh diosa!, la cólera del pélida Aquileo!"

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