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sábado, 9 de enero de 2016

¡Ay, Marcelo!


Estimado Marcelo: Asegura el Ministro de Interior del Reino de España, Jorge Fernández Díaz –quién además nos ha revelado tu nombre– que eres su Ángel de la Guarda y que, en esa labor, fundamentalmente, le ayudas a aparcar su coche todos los días. A pesar de mi racionalismo impenitente, no me queda otra que creerle. O eso, o pensar que el ministro de la policía es un tipo que oye voces –“un poco más, un poco más, a la derecha… ahí” –.

Puede que haya gente descreída que piense que todo esto es un síntoma más que se suma al de condecorar imágenes de vírgenes por sus “méritos policiales” –y me imagino a la susodicha estatua de madera arremangándose las faldas y corriendo tras el ratero de turno al grito de “¡al ladrón, al ladrón!”.

Peores cosas hemos visto, y a mayores fenómenos paranormales hemos asistido. Por ejemplo, al presidente del gobierno español denominando su propia ley represiva como “Ley Mordaza”. Claro que, en el caso de Rajoy, todo son prodigios, encuentros en la tercera –o cuarta– fase o directamente milagros “marianos”, tal que su “don de lenguas”.

Pero, yendo al grano, lo que me preocupa es que alguien tan cualificado como un ángel –¡nada menos!– termine trabajando de “gorrilla” aparcacoches. Sé que los derechos laborales han sido liquidados por el gobierno, pero ¿te han hecho contrato, Marcelo? ¿Indefinido o temporal? ¿A jornada completa o por horas? Oye, que si hace falta montar un piquete de protesta, avisa. Aunque terminemos todos en la cárcel, que en España ese es el destino de los “protestantes”.

Estoy por recomendarte que cambies de patrón. Conozco miles de canarios y de españoles a los que les hace mucha más falta un “ángel de la guarda” que al señor ministro. Y no para que les aparques el coche, sino para que les ayudes a rebuscar comida en los contenedores de la basura. O un sitio donde cobijarse este invierno. Hombre –digo, ángel–, un poco más de trabajo sí que es, pero mal andamos si hasta las criaturas celestiales se me van a poner de parte de la oligarquía.

Tú mismo, Marcelo.

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