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sábado, 7 de febrero de 2015

El muro

"La censura da su venia a los cuervos y atormenta a las palomas", escribía Décimo Junio Juvenal. Estaba acostumbrado al ninguneo en las armas de la poesía. Y a las sucesivas decapitaciones y censuras de artículos en la prensa burguesa. Era parte de la guerra, digamos: entre el interés de mis artículos para los lectores o la debida compostura con los amos, no había color. Así fui desaparecido de Canarias7 y de La Provincia. No digamos ya El Día o Diario de Avisos, para los que a mi condición de 'rojo' se une la no menos deleznable de 'canarión', por lo cual jamás se dignaron publicarme ni una línea.

Expulsado del territorio de la prensa enemiga, durante bastante tiempo conseguí colocar mis escritos en medios digitales, a los que nunca terminaré de agradecer su amplitud de miras. Cierto, cada uno tenía menor difusión que la prensa capitalista y subvencionada, pero permitía que pudiera plantear algunas ideas y diese cauce a la rabia que me consume.

Sin embargo, ultimamente no logro colocar ni una chincheta en el corcho de los digitales al uso. Ya no gusta lo que digo, no interesa o no parece relevante. Vuelvo a ser la voz que clama en el desierto, y la verdad es que no tengo vocación de Juan el Bautista. Igual tienen toda la razón, y me he convertido en una Casandra insoportable, que no está "en la onda".

Seguiré, no obstante, desmenuzando las palabras en el molino de las ideas. No puedo evitarlo. Aunque lo que escriba se pierda en la inmensidad del océano. No sirvo para las campañas de venta de imagen, curriculums electorales, autobombo y chalaneo. Es decir, que no sirvo, no sé si me explico.

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