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sábado, 30 de agosto de 2014

Fascismo

La consecuencia de no haber derrotado al fascismo, sino haber pactado con él –no otra cosa es la famosa “transición”– es que no sólo no se le puso fin, sino que es el propio fascismo el que se enseñoró de los últimos 39 años en el Estado español, manteniendo intactas sus principales columnas sustentadoras: monarquía, jueces, policía, oligarquía financiera y mediática, etc. Y, lo que es peor, una base social a la que nunca llegó ni un atisbo de pedagogía antifascista.

Por el contrario, ha sido el fascismo triunfante de la transición-trasacción el que ha ido determinando en qué consistía la “democracia”, quienes eran “demócratas” y quienes no. Han aprendido que mantener una apariencia formal de “democracia” es la mejor manera de dominar de forma total. Y de engañar más y mejor a la “chusma”.

Incluso, cuando hace falta –y para eso gozan de mayoría absoluta–, se dejan de “mariconadas” (en su propio lenguaje) y hacen y deshacen sin cortarse un pelo. Eso sí, en trajes de Armani, que eso de las camisas pardas o azul falange está muy demodé.

Uno se asombra de que aún no haya Unidad para echar al partido fascista del gobierno. Y de todas las instituciones. De que sigan los cálculos electorales mezquinos y no se afronte la realidad. Por mucho que mortifique.

O sea.

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