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sábado, 8 de marzo de 2014

Soledad

La lucidez es una pócima amarga, cuyos ingredientes no caen del cielo, sino que deben ser cultivados con esfuerzo y persistencia. No puede haber claridad de la conciencia si no hay reflexión y estudio, esfuerzo, determinación, constancia.

Pero la lucidez es también el camino solitario del corredor de fondo. Es ir contracorriente, a bolina del "sentido común" y los tópicos imperantes. Aquí no hay otros compañeros que el viento en contra, el desprecio de los adocenados, el dolor constante.

A veces, por un momento, encuentras otros caminantes. Alguna vez en los siglos la lucidez se convierte en muchedumbre.  Mientras tanto, ¡ay!, voluntad de acero y apretar los dientes. Un paso detrás de otro: rendirse es traicionarse.

Cuando soplan el siroco y la calima,
queda un lugar habitable aún en este territorio:
algo de dignidad en la desgracia,
algo de estoicismo en el sufrimiento,
algo de coraje en la desdicha,
el valor indomable de los hombres libres.