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sábado, 8 de febrero de 2014

Un problema de empatía

Los psicópatas no tienen empatía. Son incapaces de ponerse en el lugar del otro, de compadecerse, esto es, de "padecer con" el sufrimiento ajeno. Están enajenados, alienados. Fútbol, alcohol, fantasmadas, y a vivir que son tres días. La cuestión es drogarse. Y despreocuparse. Su felicidad se basa en ignorar a sus semejantes, en el "ándeme yo caliente...".

Otros sin embargo no podemos existir en la indiferencia. Vivimos bajo la premisa de Terencio: "Nada de lo humano me es ajeno". Consideramos a todas las personas carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. No podemos sentirnos cómodos ante el hambre, la tortura, los abusos, la explotación, la injusticia. Andamos siempre insatisfechos, infelices. No nos gusta el mundo en que vivimos. Comprendo que no sea agradable estar a nuestro lado. No dejamos que los demás sigan viendo el mundo color de rosa. Somos tristes, "negativos".

Sí, andamos enfurruñados. Pero si nos enervan los psicópatas sociales, nos llena de rabia el despotismo de los que provocan la miseria humana. Los que, por dinero, condenan a la muerte y la miseria a millones de personas. Los poderosos. Y los lacayos de los poderosos. Los que se atreven a dictarnos las normas y la moral mientras destruyen a los seres humanos económica, física y espiritualmente.

Como cantaba Serrat, "entre esos tipos y yo hay algo personal".

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