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domingo, 31 de enero de 2010

Medicinas

Los medicamentos no son otra cosa que drogas, venenos que, suministrados en pequeñas y determinadas dosis, nos permiten sobrevivir (incluso a ellos). Prácticamente ha desaparecido ya la fórmula magistral, el preparado farmacéutico destinado a un paciente individualizado. Ahora se nos procesa al por mayor, en masa, que es lo rentable. Y si no que se lo pregunten a los fabricantes de las vacunas para la gripe A (incluso, tal vez, de la propia gripe A) o del Tamiflú.

Desde que huíamos de los leopardos en las sabanas africanas, acudíamos a hierbas y pócimas, adobadas con magia, conjuros y rezos. Los árabes sistematizaron las recetas y los recetarios. Luego vinieron Dohmagk con las sulfamidas y Fleming con la penicilina, y la cosa cambió bastante. Pero al final aparecieron las multinacionales farmacéuticas, Carontes en la laguna Estigia de las enfermedades, y hemos vuelto a las pócimas revestidas de nombres futuristas, a los conjuros (publicitarios) y a la magia de los antioxidantes.

Como siempre a contracorriente, yo es que me oxido (luego existo).

1 comentario:

Andecha dijo...

Hombre, somos pocos, pero aun existimos, es una pena que sea un arte ya en desuso pero mas que por los farmacéuticos que nos encanta hacerlo por los médicos que, salvo los dermatólogos, pocos mas nos usan.

Lo que nosotros no tenemos son los medios de la potente industria farmacéutica para "sensibilizar" a los médicos en las maravillas que hacemos.