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miércoles, 23 de septiembre de 2009

Samih Al Qasim

Samih Al Qasim es un comunista palestino, maestro de escuela y un poeta excepcional. Entre sus obras destacan Con la sangre en la palma de las manos, La caída de las máscaras, A la espera del pájaro de trueno, Alcorán de la muerte y el jazmín, La gran muerte o Las lilas. Permítanme que les deje este magnífico poema:

CARTA DESDE EL ZOCO DE LOS PARADOS

Tal vez pierda, como pretendes, mi sustento.
Tal vez haya de poner a la venta mi ropa y mis muebles.
Tal vez tenga que trabajar como cantero,
como mozo de cuerda
o barrendero.
Tal vez sirva en los vertederos de las fábricas,
tal vez busque granos por los corrales.
Tal vez vaya apagándome, famélico y desnudo.
¡Enemigo del sol!
Pero no transigiré.
Resistiré
hasta el último pulso de mis venas.

Tal vez me puedas arrancar hasta el último palmo de mis tierras.
tal vez mi juventud alimente la cárcel.
Tal vez robes la herencia de mi abuelo,
los muebles,
la vajilla
y los cántaros.
Tal vez quemes mis versos y mis libros.
Tal vez arrojes mi carne a los perros.
Tal vez permanezcas en nuestra aldea
como una espantosa pesadilla.
¡Enemigo del sol!
Pero no transigiré.
Resistiré
hasta el último pulso de mis venas.

Tal vez apagues la antorcha de mi noche.
Tal vez me falte el beso de mi madre.
Tal vez insulte un niño, y una niña,
a mi pueblo y a mi padre.
Tal vez mi historia la falsee un cobarde,
y transforme en arañas mis corderos.
Tal vez dejes a mis hijos sin su traje de fiesta.
Tal vez engañes a mis amigos con un rostro prestado.
Tal vez alces, rodeándome,
muros, muros y muros.
Y tal vez crucifique mis días contra viles visiones.
¡Enemigo del sol!
Pero no transigiré.
Resistiré
hasta el último pulso de mis venas.

Los puertos se engalanan, y hay presagios de albricias,
albórbolas y fiestas,
clamores y bullicio,
himnos heróicos que brillan en las gargantas.
Y allá, en el horizonte,
una vela que desafía al viento y al oleaje
atraviesa los riesgos.
Es la vuelta de Ulises
desde el Mar Tenebroso.
Es la vuelta del sol, de mi hombre emigrado.
Y juro por los ojos de los dos
que no transigiré.
Resistiré
hasta el último pulso de mis venas.
¡Enemigo del sol!
¡Resistiré!

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