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domingo, 1 de marzo de 2009

Stuck inside of Al Andalus with the Nato Blues again

(Talking around)

Hemos dejado atrás las bicicletas.
Hemos dejado atrás la laurisilva.
Conservando huellas de manzanas mordidas
y de tejados de amianto y madrugadas,
hemos sido arrastrados por un guante de humo,
un caballo de ceniza, una torre sin perfil.
Hemos entrado por las almenas de lenguas desangradas
dejando atrás el hueco de una hormiga,
una cabellera apuntillada, un mar que devora tetrápodos mutilados.

Con caras marchitas sobre la boca
nos han arrancado de los profundos surcos inextinguibles,
de la tierra ceñida por la luna, la risa y el sollozo;
hemos dejado atrás el amor y los encajes de una quemadura infinita.

Sólo nos quedan los dientes,
los dientes feroces que callarán aislados
por las puertas de cerebros devorados por las orugas,
los dientes como gaviotas con muletas en parajes continentales.

Y ahora sólo somos una multitud que desfila,
que come murciélagos recién aplastados,
marineros perdidos en una sopa de gemidos y cáscaras;
una multitud que orina y que se betuna y que blanquea sandías,
reflejada en cristales alambrados,
lejos de la sinfonía de martillos y las rocas indomables
y la arena espesa,
y los cardones, y los besos alerta.

Sólo somos nombres oscuros, flema y cigarrillos,
números descoloridos derrotados por los devoradores de cerebros.
Hemos dejado atrás los pies de la ternura, las nebulosas, las zapaterías,
los paisajes y la música de las llaves oxidadas.

Nos han traído a los patios deshabitados de la Edad Media,
por escaleras y lomos de vacas heridas y lepidópteros,
por olores nocturnos y guantes de cirujanos tenebrosos.
Ahora, pues, tras el silencio,
lloramos de espanto en los dormitorios
rodeados de nombres viejos y estandartes legendarios
de los que derramaron una sangre que no era la suya.


(De Si me preguntas de dónde vengo)

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