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miércoles, 25 de marzo de 2009

Religión

En un documento oficial del Vaticano, el entonces cardenal Joseph Ratzinger, mandamás de la Sacra Congregación para la Doctrina de la Fé (antes la Inquisición), viene a aseverar tajantemente que la única religión verdadera es la católica. Que fuera de ella no hay salvación. Y que todas las demás son falsas. Supongo que ahora es el führer del tenderete no habrá cambiado de opinión.

Los de mi religión no podemos sino darle la razón. Por supuesto que el nuestro es un dio falso. Siendo una iglesia pobretona, tuvimos que comprarlo en un todo a un euro. Y claro, comprenderán que así no hay forma.

De tan barato, nuestro dios no hace grandes milagros. Ni siquiera medianos. Algún reintegro del cupón de la Once, de San Juan a Corpus, todo lo más. Somos tan pobres que ni siquiera recibimos subvenciones del Estado, ni tenemos liberados en cada barrio a cargo del erario público. Por eso no poseemos grandes locales, ni monumentos, ni valles de los caídos. Nosotros somos nuestro propio templo, digamos.

Por no tener, ni siquiera tenemos paraíso: no nos alcanza el presupuesto. Mucho menos infierno: no se imaginan ustedes lo caros que salen todos esos efectos especiales. Claro que, ahora que lo pienso, no estoy seguro de si la religión verdadera lo sigue teniendo o lo ha clausurado definitivamente. Aunque, entonces, ¿de qué hay que salvarse?

En fin, tampoco nos alcanza para santificar zares o piononos, que eso es cosa de mucha enjundia. En cambio hemos beatificado el bar de Pepe, que es un tipo enrollado. Ni siquiera tenemos dictadores a los que entrar bajo palio, pero a veces le prestamos un paraguas a maestro Juan el carnicero, que tiene un carácter tremendo.

Somos una religión tan paupérrima que tampoco nos llega para torturas, ni para quemar en la hoguera, ni para cruzadas o guerras santas. A lo más que llegamos es a echar unas reñidísimas partidas de zanga.

Pero no vayan a creer que no nos hacemos preguntas trascendentales y afrontamos grandes misterios, como toda religión. Ya saben: ¿a dónde vamos? ¿De dónde venimos? ¿Hay vida inteligente en el cosmos? ¿Qué pasa con la Unión Deportiva? ¿Hay vida inteligente en la Tierra? ¿Hasta cuándo seguiremos soportando a los tele autonómica? ¿Existió Tindaya, o fue una alucinación colectiva? ¿Es el Inem un portal a otra dimensión?

No, para respuestas no nos alcanza, qué le vamos a hacer. Señor, señor, qué cruz.


Chipude, de Rodolfo Santana

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