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sábado, 10 de enero de 2009

Por los delgados caminos de la sangre

Y el fuego genital transformado en delicia
corre por los delgados caminos de la sangre
hasta precipitarse como un clavel nocturno,
hasta ser y no ser sino un rayo en la sombra".
(Pablo Neruda)

Densamente asombrado,
suavemente colgado de la lámpara del techo,
saco de las oscuras madejas de mi almohada
las pequeñas virutas que se desgajan de mis versos labrados,
los trajes de alcatife, las hojas de acanto, las adelfas y laureles,
las entrañas aheleadas, los alambiques de alcanfor,
el aljibe lleno de libros comunistas, una roja lluvia de ababoles
y una alcolla llena de alcrebite.

Más allá de esta ventana y como surgidos
de las alacenas de mi cerebro
planean en el aire tibio negros abantos jiferos,
pero yo te he reconocido en los pasillos donde el polvo y las arañas
juegan a hacer octógonos solares.

(Hay un yunque profundo en mi pecho
y un vitriolo corrosivo en el estómago).


Todas mis pertenencias, todas, una tras otra,
los heliotropos que nunca tuve
y las ratas que me asaltan por los nervios electrizados,
te las dejo en herencia, en encargo,
y reconozco que duelen muy adentro, como el fuego
o como un cáncer en la columna vertebral.

Esto que sopla no es ciertamente un suave céfiro,
y los tiempos no están como para perderse entre alhelíes.

Llega hasta mí un mar de peces celestes, de enormes ojos blancos,
con espuma amarilla y aletas de sangre,
blandas algas disfrazadas de esmeraldas fugitivas,
cientos de acoros y medusas de un gesto anaranjado
y violáceos sonidos a través de la blancura de las rocas.

Tengo un calzador de zapatos por escritorio
y un inviolable hueco para todos mis libros;
me he manchado del barro de las sílabas y las palabras
para construir versos como ceniceros, como tallas, como jarrones,
como piletas de una oscuridad terrible
desflorada por los 100 watios de la bombilla.

Habita un enorme ojo en alguna parte de la habitación
que me vigila, que me desnuda, que me cubre de acíbar
en medio de las goteras y las bacinillas.

Me levanto no obstante, me elevo entre todo,
dejo atrás el espíritu estrecho y el agiotaje de los abaceros
y a tus labios me aferro, en tus labios resisto,
amor mío, amor mío,
hasta que amanezca de nuevo
sobre las aceras mojadas.


(De Si me preguntas de dónde vengo)


The Beatles interpretan Get Back (subtítulos en castellano)

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