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miércoles, 19 de noviembre de 2008

Creación, difusión, intermediación (y IV)

Dos caminos tenemos ante nosotros. Uno es el fácil: consiste en dejarnos ir, seguir realizando las pleitesías adecuadas, suplicando individualmente la subvencioncita, la publicacioncita o el premiecito. Tentar la suerte a ver si le caemos simpáticos a éste o aquel patricio. Alinearnos con tal o cual grupo de presión para ver si cae alguna migaja. Asistir resignados a que la literatura canaria siga siendo esa gran desconocida internacional, y que nuestro horizonte se limite a una isla, a una ciudad, a una miserable reseña en un periódico local. Enseña el budismo-zen que el mayor crímen es la ignorancia: podemos dejar que los bárbaros sigan dictaminando el destino de la literatura canaria, mientras nosotros seguimos enfrascados en cainismos sin sentido.

El otro camino es duro. Es el sendero del todos o ninguno. De que sean los productores los dueños de su obra. De que seamos los escritores los que establezcamos los criterios de la edición, de la distribución, de la difusión nacional e internacional de nuestra creación. La senda de la colaboración, de la superación de viejas trincheras que nos son ajenas, de plantarle cara a los imbéciles que vampirizan lo más hermoso que tenemos. La vía de la autogestión, de la pelea, del cambio de valores ideológicos y culturales. Pero también la vía de presentar un frente común para ganar aliados entre los sectores más dinámicos de la sociedad. Para conseguir apoyos y dar a conocer al mundo la maravillosa literatura que se está escribiendo en Canarias. Es el camino difícil, en la que la batalla por la hegemonía de la producción literaria sobre el caciquismo intermediario será larga y áspera. Pero es el único camino que nos lleva a alguna parte. El tiempo dirá si hemos madurado lo suficiente, individual y colectivamente, para emprenderlo. Yo apuesto por esa revolución cultural en Canarias, compañeros. ¿Y ustedes?


Silvio Rodríguez canta Ojalá

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