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viernes, 12 de septiembre de 2008

Antesala del viento

Amada mía, señora mía,
cuando yo de ti ausente
a tu casa y a tus paredes
por ásperos caminos haya vuelto,
todo lo que perdí volverá con las aves,
con el curso de la vida
que se reanuda en Octubre:
es la hora del cigarro
y las ventanas donde anidan
los pájaros y el viento.

Me han sepultado tan lejos de mi tierra
que, convertido en agua,
en llanto y ceniza me deshago.

No es posible recoger tantos escombros:
la misma Europa se espanta
del monstruo que ha parido,
ejércitos feroces en acecho,
multitudes deshumanizadas
que aún no saben la causa
de la guerra venidera,
espectros pendientes
del Belcebú atómico.

Amor, amor,
de un triste hábito me vistieron,
y fui obligado a arrastrar largamente
cadenas y hospitales
que en torcidos alfanjes se volvían.

Amada mía, señora mía,
cuando a tu cuerpo
desde esta deportación desolada haya vuelto
no quiero que mi tierra siga siendo mera geografía,
tan solo playas, dragos y dromedarios
en siete islas sordomudas:
quiero un paisaje con historia.

Por nuestro amor y la vida que viene
es preciso que el planeta pierda
su lúgubre condición de cárcel
aunque suponga enterrar mis versos aún vivos
bajo los rojos, los ocres, azules, malvas diluidos
de la ciudad que proyecta su agonía interminable.

Con el corazón contraído en un último esfuerzo,
pronto me alejaré
de estos hombres que tienen
timbres invisibles en las espaldas.
Ya siento la máquina de escribir
estremeciéndose a cada verso,
cabellos que crecen hasta el nivel
de los pozos artesianos de la sangre
y violetas que crecen de un despertador pisoteado.

Volveré a pasear
con todos los verbos intransitivos desahuciados
bajo el brazo,
como un gato de pies delicados
deslizante y errático por las calles grises
con tu imagen clara bebiendo en el oasis de mis ojos.

He tendido los rieles: el tren no tardará.
Pronto subiré y bajaré a la espuma del mar
en una ascendente hélice irisada.
Y con grandes pasos,
confiado, seguro, solo,
echaré de nuevo a andar.


(De Si me preguntas de dónde vengo)


La Orquesta Club Flambo interpreta Speak Low, de Kurt Ewill, con arreglos de Rodolfo Santana. Voz: Alba Serrano.

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