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viernes, 29 de agosto de 2008

Infierno

Como ustedes ya sabrán, el Papa de Roma (infalible por definición) ha contradicho a su antecesor (también infalible por definición) aclarado que el infierno sí que existe. "God with us", dice el escudo de los EEUU: Dios con nosotros. Sí, que duda cabe, Dios debe estar con ellos. En cambio, los seiscientos millones de niños que sobreviven en la peor de las pobrezas, o los cuarenta mil que mueren cada día de hambre, deben ser unos nefandos pecadores.

Explicaba Nietzsche que el cambio del Yahvé judío al Dios cristiano es el de un dios nacional fuerte, terrible e implacable con los enemigos de Israel, a un dios débil, del amor, cosmopolita. De la globalización imperial romana, vamos. En resumidas cuentas, que no sólo existe, sino que la inmensa humanidad lo padece. Por nacer unos kilómetros más acá o más allá, vive uno en el paraíso terrenal o en el infierno. En Ciudad Jardín o en Bangladesh.

Los que están en gracia divina tienen escuelas privadas, la mejor medicina, chófer, servidumbre, stocks options, ropa cara, amantes. En cambio, los pobres pecadores se debaten en el Erebo, en un averno de paro, miseria, hambre, Consejería de Educación y rechinar de dientes. El Jesús de los creyentes echaría a todos esos mercaderes del templo, pero esa es otra historia.

Los rojos, ya se sabe, estamos condenados eternamente al infierno. Por eso muchos, para entrar en este paraíso, han renunciado al demonio colorado y a sus obras, y se han montado un chalecito adosado en el edén capitalista. No es que se hayan vendido, entiéndame. Como ellos mismos explican, se trata de que han madurado. Claro, dirán ustedes que alguno ha madurado tanto que se ha podrido, pero eso no son más que resabios izquierdistas. A vivir que son dos días, y al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.

Mientras tanto, en las afueras del Jardín, la inmensa mayoría de la humanidad mira con sus ojos hambrientos pegados al escaparate. Comprenderán que todo este rollo es porque a mí no me han favorecido los poderosos. A ver si se dejan caer el detalle. Aquí hay que tener los pies ligeros, porque el que no corre empuja al que va delante. En cambio, tonto de mí, soy un maldito pecador excluido que ya no siente las piernas. Dios mío, esto es un infierno.


HIM interpretan Kiss Of Dawn

[Tragedias. Agustín Mora.]








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