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miércoles, 20 de agosto de 2008

Carlos Pulido

El palmero Carlos Pulido es uno de los grandes escritores vivos en lengua castellana. Su poesía, intimista, elaborada, hermosa, tiene el inconveniente de haber sido escrita por el habitante de una colonia perdida en medio del océano. Y el de que ese escritor no pise los salones oficiales ni pertenezca a las logias de la burguesía criolla. Para disfrute de ustedes y mío, les dejo con este maravilloso poema suyo:

Si fuera cierto que todos somos el mismo
hombre, la misma aurora y su agonía,
sin importar los nombres ni los rasgos,
preferiría –olvidando ahora mi banal destino-
hallar en otro rostro a ese único ser,
otra vida, otro sueño tal vez, igualmente imposible.

Un caballero se apresta a la conquista
y dispone sus naves para zarpar al alba,
pendones, estandartes y banderas,
hombres armados con ballestas,
los escudos más fuertes, el valor castellano.
Todo esto ocurrió en el año de 1447
y aún sigue ocurriendo en el mismo lugar
de la pelea, donde Guillén Peraza muere
para ser desdicha, para ser retama.
Entre el zumbar de flechas y la carne desgarrada
el caballero blande su espada con firmeza.
Quizá recuerde el nombre de su amada
o piense con odio en su enemigo,
un guerrero anónimo que defiende su patria.
El invasor pierde su escudo en el combate,
tres infieles han caído por su alfanje
y otros tanto probarán su espada;
pero todo se ha perdido entre la sangre,
desde el campo enemigo una piedra certera
muere a Don Guillén en la flor de su cara,
y su destino termina aquí, en esta jornada,
y aún sigo eligiendo, qué más da,
si todos somos el mismo hombre
y es igual uno que otro,
el bárbaro sin nombre que lanzó la piedra,
aquel rostro en el campo de batalla,
el reflejo más digno de la tierra y la nada.


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