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martes, 29 de julio de 2008

Comilonas

Bien dice el dicho que es más fácil ad-quirir cien virtudes que deshacerse de un solo vicio. Los políticos que padecemos se han acostumbrado a comer y a beber a costa del erario público. Y eso que no les falta para pagárselo de su bolsillo, que buenos sueldos y dietas que se ponen ellos mismos.

Las administraciones públicas están saturadas de “desayunos de trabajo”, comidas y cenas, amén de cafés, copas y puros pagados con el dinero de todos. “Atenciones protocolarias y representativas” le llaman a estas corruptelas, y cuenta siempre con su propia partida presupuestaria, amén de lo que sale por otras como “Gastos de la Presidencia”. Por no hablar de aquello de “Otros gastos diversos”. Y si es con tarjeta Visa Oro –o Platino– corporativa, fetén.

No es de extrañar que, con esta “cultura” –si bien con el dinero de los afiliados– también haya pequeños colectivos cuya principal actividad sea comer y beber. Donde no hay claridad de ideas, siempre une mucho la carne mechada y el whisky de 12 años. Nada para resolver las discrepancias como una buena panzada y esa camaradería eufórica que proporciona el alcohol.

Reconozco que soy de los que prefiere comer sana y relajadamente en casa. Y prácticamente abstemio. Pero eso no quita que uno mire con asombro esta feroz devoción por los ritos tribales en sustitución de la perversa costumbre de pensar. Y si es con dinero de otros, mejor que mejor.


Lalo Rodríguez canta Ven, devórame otra vez




[El mensaje de Chávez. Fidel Castro.]

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