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lunes, 30 de junio de 2008

Como perros

Los occidentales gastamos práctica-mente lo mismo en comida para mascotas que en ayuda contra el hambre. Dato tremendo en un planeta en que 35 millones de personas mueren cada año de hambre. De ellos, más de 14 millones son niños menores de cinco años. Añadan a eso la diferencia por peluquerías caninas y otros gastos.

Porque hasta cuando un perro está en fase terminal, se le lleva al veterinario a ponerle una inyección letal que le ahorre el sufrimiento. Sin embargo, la muerte por inanición es atroz. Debilitamiento muscular evidente y pérdida de grasa corporal. Piel arrugada y llena de pus. Despigmentación y caída del pelo. Abdomen distendido. Deshidratación y fallos en el aparato locomotor. Apatía y depresión. Estreñimiento. Desaparición de la menstruación en las mujeres. Erosión ácida de los dientes, que se van cayendo. Graves desequilibrios electrolíticos (con dolorosos calambres musculares). Carencia de vitaminas A, C y B12, así como de ácido fólico, hierro, calcio, zinc, etc. Náuseas y arcadas por la acidocetosis. Pérdida de ácido clorhídrico. Temperatura corporal baja, intolerancia al frío y temblores. Disminución de la función tiroidea, lo que provoca una disfunción orgánica generalizada. Mal funcionamiento del riñón. Insuficiencia respiratoria. Ceguera (es lo primero que aparece en los niños). Fallos en el sistema inmunológico, con predisposición a infecciones que tienden a ser letales. Baja en la frecuencia cardiaca y arritmias que llegan a provocar el fallecimiento, si no se muere antes por un ataque cardiaco causado por la ausencia de cobre. Esta terrible agonía puede prolongarse durante varios meses. Sinceramente, prefiero morir de un tiro.

Miren por dónde, la comida diaria de un perro salvaría la vida de dos niños. O solamente leche y galletas, de las más baratas. Pero oír estas cosas no interesa. Mucho menos hacer algo al respecto. Mal anda un mundo en el que más de la mitad de la humanidad vive con menos de dos euros al día. Calculen ustedes. Personalmente, no me resigno. Acabar con este sistema social anacrónico y bárbaro no sólo es posible, sino necesario. No es humanismo: es simple decencia.

Bob Dylan canta A Hard Rain's A-Gonna Fall



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